Capítulo 15

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Cerrar los ojos

El reloj sonaba, siendo el único ruido que se escuchaba en la habitación, pero no duró demasiado, ya que la joven de cabello azabache comenzó a llorar, mientras tocaba el cuerpo mal herido de su amado.

-¿Por qué?- Logró preguntar en un suave susurro, no queriendo mirarlo a los ojos. Solo se concentraba en el daiyokai tirado en el suelo con dos balas cerca de su corazón.

-Porque tu deberías ser mía- Respondió con rencor, mirando la escena sinicamente.

-¿Qué le hiciste?- Su voz sonó preocupada al ver que las balas no salían por si solas y Sesshomaru no sanaba, solo empeoraba.

-Está arma junto con sus balas son únicas. Fueron creadas para destruir a los monstruos como nosotros, pero los humanos se dieron cuenta que eramos mayormente inofensivos, así que abortaron la misión. Pero conservaron un arma por las dudas, y esa arma la compré por un precio muy accesible- Explicó, agachandose junto a la muchacha- Está arma los hace humanos hasta que la bala sea sacada, o eventualmente muera el herido por ella- Tras decir eso, la tomó de las mejillas con brusquedad, obligandola a mirar fijamente al daiyokai- ¿No es emocionante ver como muere el amor de tu vida frente a tus ojos?- Su tono de voz se volvió más profundo, disfrutando ver como el hombre en frente suyo se desangraba.

Sin decir nada más, Kagome fue arrastrada en contra de su voluntad hacia una pared, siendo encadenada segundos después contra un calefactor apagado. Lo mismo le paso a Sesshomaru, solo que este tuvo los dos brazos cautivos y se quedó dos metros lejos de ella.

La humana vio como su amado daiyokai resistía por no cerrar los ojos, aunque se veía muy mal, ni siquiera tenia fuerzas para hablar o resistirse.

-Disfrutas ver a personas sufrir por un ser amado, ¿No es cierto?- Preguntó con una leve tristeza- Porque tú mataste a Kikyo, ¡Era la mujer que amabas!- Exclamó con rabia, tirando un poco la corta cadena.

-¡No es así!- Gritó con los puños apretados, tratando de controlar su ira.

-Ella te dio su corazón, pero tú en un ataque de locura la mataste, porque sentías que volverías a ser humano si la seguías amando, ¿No es así?- Hablaba con seguridad, sabiendo la historia al tener pesadillas con ello desde que su madre desapareció. El candado finalmente se había roto- Además de eso... Sabias que ella estaba embarazada, aun así proseguiste con tu plan- Una lágrima se deslizó por la mejilla del híbrido, recordando ese triste suceso.

-Iba a ser una niña- Dijo devastado, sentándose en el suelo con brusquedad.

-Entonces viniste a mi, porque soy la reencarnación de Kikyo- Confirmó sus sospechas con el ceño levemente fruncido, pero había mucha pena en su mirada.

-Tenia un plan, quería comenzar de nuevo. Pero ese maldito demonio perro te alejó de mi antes de poder tenerte- Se notaba el odio en sus palabras.

-Porque yo no soy ella, Naraku- Comentó, tragando en seco- Sin embargo, puedo darte una oportunidad. Quiero que me demuestres que si puedo amarte- Habló con gran tranquilidad, mirándolo con gran cariño.

-¿De verdad?- Preguntó más animado, aunque la veía con desconfianza.

-Lo juro- Cruzó los dedos detrás de su espalda- Vamonos, tengamos nuestra historia juntos. Pero quiero que luego vuelvas y les saques las balas a Sesshomaru- Sus palabras sonaron convincentes, ya que no había nada sospechoso en ella, y eso se debía a que tenia una paz interior, sabiendo que lo que haría después era lo mejor para todos.

Naraku confío ciegamente, guardando el arma en su pantalón, dejando el mango al aire. Aquello no pasó desapercibido para la joven humana, eso le servía de mucho.

-Confío en ti- Dijo en cuanto se acercó y comenzó a abrir la cadena. Aquellas palabras le dolieron a Kagome, pero ella le había dicho lo mismo y él los había traicionado duramente.

-Confía en mi- Aseguró en un susurro al ser liberada.

Al pararse del suelo, vio con frustración al daiyokai, el cual estaba más pálido de lo normal. En cuanto sus miradas se conectaron, ella le sonrió levemente y susurró "Te amo", para luego sin pensarlo dos veces, atacar al híbrido.

Ella tomó su arma, sin embargo, él también lo hizo al escuchar el susurró de ella. El arma quedó entre ambos, así que comenzaron a forcejear. Fue un forcejeo breve, ya que se sabía quién era el más fuerte de los dos, pero Kagome antes de perder el control apretó el gatillo tres veces.

Ambos se miraron tras esos disparos, haciendo contacto visual por unos segundos. Ninguno de los dos hizo nada, simplemente se quedaron parados mirándose. El silencio de esos segundos fue abrumador, pero finalmente, con los ojos llenos de tristeza, Naraku cayó al suelo.

Se acabó...

Las manos de Kagome temblaron y soltaron el arma, estaba aturdida, pero eventualmente se desplomó en el suelo también, respirando irregularmente, y apretando la herida que tenia en el vaso sanguíneo. La tercera bala le había dado a ella.

Como pudo se arrastró hasta su amado, recostandose a su lado con el cuerpo temblando. Su intención era tratar de sacarle las balas, pero se sentía muy débil. Estaba luchando por su vida al igual que Sesshomaru.

-Perdóname... Soy una inútil- Susurró sollozando levemente, tratando de soportar el dolor.

-Jamás... digas eso...- Respondió en voz baja.

Dieciocho segundos después aproximadamente, se escucharon muchos pasos acercarse a donde estaban, y un segundo después, la puerta principal fue derrumbada por una persona, sin embargo, cinco más entraron.

Ambulancias se escuchaban desde la calle, eso anunciaba también que alguien tuvo el coraje de llamar a emergencias, o eso creía Kagome.

Uno de los policías se acercó a ellos, su cabello era plateado y sus ojos dorados, era notable que era el medio hermano de el daiyokai, Inuyasha.

-Debes... sacarle las balas... para que se cure- Logró susurrarle Kagome, confiaba en que ese policía ayudaría.

-Está bien, lo haré. Por favor, resistan- Habló Inuyasha con preocupación.

Sesshomaru vio a su hermano con orgullo, siempre lo apartó, pero fue por la simple razón que él estaba en constante peligro todo el tiempo, así que no quería meter a su pequeño hermano en sus problemas. Él observó desde lejos con admiración como su hermano se convertía en oficial de policía y subía de rango con esfuerzo.

Ambos se sintieron cansados, solo querían cerrar los ojos y descansar un rato, sus cuerpos habían perdido la mayor parte de sangre.

Así que, lentamente cerraron sus ojos, manteniéndose cerca el uno del otro, mientras escuchaban unas voces lejanas.


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-Eliset.

Protector demoníaco |Sesshome|¡Lee esta historia GRATIS!