38- Lucas

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Si te encanta llorar, dejé arriba una música que va muy acorde con este intenso capítulo de 4 ilustraciones. ¡Espero que lo disfruten!



LUCAS


Las verdaderas historias de amor nunca se cuentan en tres días. No se llevan bien con los filtros de fotos ni acaban en un auto descapotable en una carretera vacía. A veces solo acaban y luego se recuerdan a ratos, hasta que solo queda una colección de momentos.

Las historias de amor que perduran con mayor frecuencia son las que entablamos con nuestra familia, con nuestros amigos. Con nosotros mismos. Pero casi nadie te habla de eso: el amor no parece tan maravilloso si no incluye besos apasionados bajo un cielo cubierto de estrellas.

Pero si tienes suerte, en el momento más inesperado puedes retomar aquello que nunca terminó. Aunque ya no eres un adolescente idealista para entonces y tampoco esperas demasiado de los demás. Ya no hay estrellas, sonrisas deslumbrantes, mariposas en el estómago o palabras bonitas que esperas oír dichas en susurros.

Pero lo que recuperé es infinitamente mejor: una mano callosa y cálida que proporciona seguridad; un sándwich mordisqueado compartido en el desayuno; chistes malos y spoilers de películas; un cabello amarillo en el piso de la ducha; masajes dolorosos que finjo que me relajan y agradezco con mi mejor sonrisa de hombre que prefiere dormir a ejercitarse.

Vivir con Félix a veces requiere sacrificios...



"—¡Me voy! Recuerda alimentar a Fobos. Pero no le des tanta comida al erizo, porque se está poniendo como un globo... Y trata de jugar con Lady Di, porque si no se estresa..."

—¿Debo peinar a la tarántula?

—Sí, sí, qué sarcástico..."



"—¿Y esto? ¿Y el tocino? No soy un conejo.

—Si sigues comiendo tanta mierda, te vas a morir. Si no te matan antes esos palos de cáncer. Y no me mires así, maldito cara de charco. No me levanto más temprano para que desprecies los desayunos que te hago".



"—Félix, de nuevo están revolviendo nuestra basura...

—Oh, mierda.

—¿Hay algún lugar donde tus fans locos no sepan que vives?

—Tal vez en Finlandia. O en una tribu amazónica.

—Podría ser.

—¿En serio?

—Quiero ser yo el único que te acose.

—Eso no sonó romántico, ¿sabes?

—Si fuera un hombre romántico, no te habrías enamorado de mí.

—Eso es cierto. Además, el romance y la sensualidad en esta relación la pongo yo"


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Tras mi expulsión, ocurrieron dos cosas: el grito en el cielo puesto por mis padres y los gritos emocionados de Brenda al otro lado del teléfono.

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