El débil fulgor plateado de aquella luna llena logró inmiscuirse a través de los huecos de mi vieja ventana, mientras trataba de iluminar el rostro maquiavélico de Jeffrey que se encontraba arrojado a mis pies, con un ejército de palabras en su garganta implorando una brizna de perdón. Entretanto sostenía entre sus cadavéricos dedos, una rosa inmaculadamente blanca y tenebrosa como el extraño aspecto de su tez.
El tono negruzco de sus cabellos eran increíblemente liso, casi tan similar a la textura sedosa de un velo enigmático que cubría las heridas en su rostro. Por otra parte, su mirada trasmitía una obscuridad sofocante de vacío inquebrantable e inquietante, puesto que en ella se reflejaba los espíritus impuros de tantos demonios infernales que habitaban su cuerpo.
Fue inevitable no fijarme sobre aquella horrenda cicatriz en sus párpados cruelmente quemados, mientras tanto sus pupilas tomaron un color obscuro tan abominable y perturbador como una noche sin estrellas.

-No cometas una locura, tú eres muy valiosa para mí...- (me dijo, a la par que ancló sus ojos en el suelo, incapaz de mirarme a la cara)-- Me comporté como un idiota contigo, soy un maldito, lo sé...- (sus pupilas comenzaron a titilar por causa de las lágrimas que se asomaron entre cada parpadeo).

Se incorporó de un leve empujón, mientras tanto suspiró profundamente para decir:

-Lamento haberte dañado, no fue intención mía. Por favor, acepta éste obsequio como símbolo de mi perdón sincero y puro.- (finalizó justo antes de besar los pétalos de la rosa blanca).

En aquel instante, ¡yo no sabía que decir!, pues un gigantesco nudo en la garganta restringió el acceso a mi voz, dejándome completamente atolondrada e insonora.

Aquel misterioso y atractivo chico, se avalanzó con dirección a mis labios tratando de robarme un beso.

-Mariposita...- (me dijo sutilmente)-- Dime que me perdonas, lo quiero escuchar de tus propia boca...- (pausó, al tiempo que se mordió los labios).

¡No lograba resistirme ante sus encantos; Jeff era un chico terriblemente guapo y dulce. ¿Cómo podría molestarme con él?, era tan tierno, romántico y gentil que se hacía imposible enfadarme. Pero aún así, yo recordaba la depravación que cometió, todavía lo odiaba con todo el alma.

-¡Tú intentaste abusar de mí, eres un maldito psicópata!- (pegué un grito furioso, a la par que cogí el trozo de vidrio dispuesta a asesinarlo)-- ¡Prepárate!, porque de aquí no saldrás vivo.- (exclamé sumamente enfurecida).

Me acerqué hacia Jeff con pasos vertiginosos, a la par que comencé a propinarle bruscas golpizas con el afilado borde del vidrio, que degarró la piel de su rostro como si fuera una hoja de papel.

-¡Ya no sigas!, ¡me duele mucho!- (me imploró, a la par que se retorcía en el suelo, herido y ensangrentado).

Repentinamente los latidos de mi corazón se hicieron más fuertes, como si intentaran evitar continuar con mi venganza.

Arrojé al suelo el pedazo de vidrio manchado en sangre, en tanto retrocedí algunos pasos con dirección a mi cama.

-¿Qué he hecho?, lo maté..., soy una asesina.- (pensé en mis adentros, al tiempo que me cubrí entre las sábanas, invadida por el miedo y por el sentimiento de culpa).

Jeff se encontraba bastante débil con una enorme herida abierta en su rostro, procurando respirar con mucha dificultad.

-¿Por qué me has hecho ésto?, yo solo vine a pedirte disculpas. Jamás creí que serías capaz enterrarme un vidrio...- (murmuró aturdido, mientras botaba sangre por la boca)-- Lo que más me duele es marcharme sin tu perdón, yo a tí te disculpo por tratar de asesinarme. Aún así, te amo Nicky. Me iré lejos para nunca más volverte a ver, que seas feliz.- (concluyó, a la par que se puso en pié y caminó hasta la ventana para luego brincar ágilmente y desaparecer entre la oscuridad de la noche).

Acto seguido, comencé a llorar como si me doliera las palabras de Jeff. Yo realmente sentía algo hacia él, era cariño, o algo más que amor. Jeff me provocaba sentimientos muy fuertes que no lograba controlar, era un hombre enamorado perdidamente de la mujer equivocada, pues nunca olvidaré aquel día fatal, cuando intentó ultrajarme.

¿Será que Jeff cumplirá con su promesa de nunca más volver?,

¿Ahora que haré con éste corazón que grita a voces su nombre?,

¿Acaso ya no lo volveré a ver por el resto de mi vida?.

-¡Adiós Jeff..., maldijo el día en que te conocí!. ¡Hoy estoy decidida a arrancarte, definitivamente, de mi mente, mi alma y corazón!.- (manifesté en voz baja, cuando una gran avalanacha de lágrimas empapó la textura sedosa de la almohada).

Jeff, mi peor pesadilla©¡Lee esta historia GRATIS!