Capítulo 7: Un nuevo rumbo (parte I)

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Sobre el extenso y musculoso lomo del Ghek'naha, viajaba violentamente Gena hacia Hor. A través del paso Leda, un camino que comunicaba la mitad de los reinos; la otra mitad era comunicada por el paso Ampak.
Los Ghek'naha por su carácter y estatura solo podían ser domados por los Ghetar. Además era la bestia perfecta para que ellos se trasladasen, ya que eran unas de las pocas que podían soportar largos viajes con su peso. Estas bestias solían encontrarse en las cuevas del Bosque de Rus, que quedaba al este de Hor atravesando la muralla que dividía la región Etel del Enal. Los Ghetar pagaban grandes sumas de dinero a quienes conseguían crías de estas monturas.
El animal, al adentrarse en el reino era sometido a gritos, golpizas, reproducciones inusuales y toda clase de martirio. Eran atormentados hasta convertirse en salvajes, devoradores y por sobre todo, fieles a los Ghetar.

Hor era uno de los reinos más fríos y oscuros que existían. En los momentos de más soleados, sólo se advertía un pequeño brillo que lejos de atenuar la helada, molestaba. La piel de la raza Ghetar era fácilmente adaptable a la temperatura del reino en el que se moviese y su cuerpo era inmune a cualquier tipo de enfermedades. Su metabolismo lento, los hacía vivir más tiempo de lo que podía un humano, a veces superando el doble del tiempo de vida de éste.
Recién nacidos, recibían una inscripción con hierro fundido con la frase "Phé Créé". Significaba "No me corromperé" o "Incorruptible". La corrupción, era ir contra ellos mismos: traicionar su raza.

El reino estaba habitado mayoritariamente por los Ghetar y los Ui'mol. Estos últimos eran conocidos como los esclavos de Hor. Lo único que compartían con los primeros, era su color grisáceo. La altura, el peso, los músculos y hasta las habilidades en batalla eran inferiores. Mientras que un Ui'mol era delicado, paciente y sensible, un Ghetar era irascible, sanguinario y sádico.
Antes de concretar el exterminio, la raza guerrera y dominante notó estas cualidades y decidieron así reducirlos a la esclavitud. Estando obligados a hacer las tareas que les mandasen, hasta morir si así lo desearan.

Gena atravesaba la desolación de los pueblos, en camino al castillo de su tío. Al verlo pasar, las ventanas de maderas resquebrajadas se cerraban. Las puertas agrietadas por el filo de las espadas, rechinaban y las voces se apagaban. Sólo quedaban de pie los guardias hermanos de su sangre, como ellos se decían; quienes apoyaban sus espadas en el suelo y mantenían la mirada baja hasta que Gena los deje atrás. Era evidente el respeto que le tenían. Algunos podrían decir que era por miedo; pero quien conocía bien la raza Ghetar sabía que ese no era el motivo. Ellos no conocían el miedo, no eran capaces de sentirlo. Lo único importante en su vida era, su regla: "Phé Créé". Esto también implicaba que debían respetar las reglas impuestas por el Jhelf, quien se posicionaba como la autoridad suprema dentro de los Ghetar. Esta autoridad suprema, a quien muchos de su raza consideraban un dios, era el tío de Gena.

Por las dificultades climáticas en Hor, era imposible cosechar

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Por las dificultades climáticas en Hor, era imposible cosechar. El frio en determinadas épocas del año, congelaba los ríos y no permitía la pesca. Por éstas heladas es que tampoco habían allí animales, ni terrestres ni aéreos. Por lo menos no los animales que habitaban en otros reinos.
Los Ghetar habían solucionado su problema de abastecimiento a través del tiempo. Unas cuantas generaciones atrás, Kartka un Mythier de la raza Ghetar, había encontrado la solución a la hambruna de su pueblo. Cansados de comer lo que sea que encontrasen o que sus esclavos consiguieran, cansados de comer a sus esclavos o a sus enfermos; encontraron el "Ilpe". Kartka, quien era el Jhelf en ese momento, utilizó toda su sabiduría y poder para crear semillas, que devendrían en árboles dotados con la capacidad de expulsar el Ilpe. Una grasa brumosa, espesa y pegajosa que se desprendía en gran cantidad y era capaz de saciar y fortalecer a los Ghetar.
El olfato humano podía distinguir esta grasa a la distancia por el hedor que lo caracterizaba. Una pequeña porción de ella sería suficiente para enfermar de gravedad a un humano; mientras que en grandes medidas podría causar la muerte. El caso de los Ui'mol era distinto. Su composición interna, era parecida a la de los Ghetar, por lo que podría aguantar el Ilpe; pero preferían no hacerlo. Les causaba repugnancia de sólo verlo.
La vida en Hor era muy difícil, por eso es que sólo estas dos razas lo habitaban durante el año.
No había flores, ni plantas. Sólo escarcha y nieve. Los perfumes naturales que algunas brisas hacían pasear por los bosques eran cambiados por una tenue niebla que mezclaba el olor del Ilpe con el carbón y demás sustancias utilizadas en las fábricas. De sus grandes chimeneas expulsaban gases negros que contaminaban todo el ambiente. Creando una atmosfera más densa y pesada en todo Hor.

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