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Querido Harry:

Podría estar gritando de dolor por tus abrazos egoístas, pero tu hubieras seguido haciéndolo mientras me mirabas a los ojos y hacías hablar a tus ojos. Me decían un "te amo" que nunca salió de tus labios porque nunca lo sentiste. Y yo solía pensar que lo hacías, que me amabas tanto que el dolor era la consecuencia de ello.

Nosotros nunca volveremos a decir que nos amamos sin sentirlo, pese a que yo sí lo hice. Porque el único que lloraba sangre del dolor era yo, aferrado a la idea de que pronto me acostumbraría al sentimiento que no era para nada parecido al amor.

dear harry Donde viven las historias. Descúbrelo ahora