Primero llegó la imagen. Enfoqué poco a poco hasta concebir formas entre las luces. Conseguí reconocer a Ritto como el rostro que movía sus labios frente a mí, pero el sonido tardó unos segundos más en aparecer.
― ¿Estás bien? ―pude oír finalmente tras superar la conmoción.
Llegó el dolor. Sentía una punzada candente latiendo en mi ceja izquierda. Acaricié la herida con dos dedos que se impregnaron de sangre roja y espesa.
―Tranquila, sólo es una brecha―continuó Ritto agazapado a mi lado. Su espalda ancha tapaba toda mi visión. Se quitó la camiseta de algodón que llevaba, la rasgó con sus dientes y empapó la tela en la fría agua del lago antes de acomodarla con cuidado sobre mi ojo. Apreté los dientes como respuesta al escozor―. Lo siento, pequeña.
Estaba sentada sobre guijarros. No tardé en identificar la piedra partida y ensangrentada que debía haberse estampado contra mi cabeza. ¿Había caído al suelo? ¿De lado?
―Bright te empujó y absorbió el impacto―narró Ritto adivinando mi incertidumbre.
Y llegó el miedo. Un miedo atroz que hizo tiritar cada uno de mis músculos. Vi una balsa carmesí entre las rocas y me incorporé de un salto, con el corazón en la boca. Volví a respirar al darme cuenta de que se trataba de su gabardina rojiza, empapada y... hecha añicos. Con una mano me sujeté la tela húmeda sobre mi ojo (que ya estaba caliente y teñida de rojo) y con la otra alcé lo que quedaba de gabardina. Pesaba más que nunca al estar mojada. Pesaba más que nunca a pesar de que le faltara un brazo.
― ¿Cómo está?―busqué la voz de Hila, desesperada. Venía hacia nosotros, se había dirigido a Ritto. Cuando me alcanzó bajé la cabeza y el gurruño de tela calado de sangre para que inspeccionara la herida sin que tuviera que pedírmelo―. Bueno, podría ser peor. Déjame curarte, debes tener una buena conmoción cerebral.
No, pensé. No tenía tiempo para curar una estúpida brecha en la ceja. ¿Qué estaba ocurriendo? Busqué darle sentido a lo que se alzaba frente a mis ojos, aunque estuviese mareada por el penetrante dolor de cabeza. Estaban volviendo a comprimir nuestro hogar en un puñado de datos entre prisas y voces alteradas. Shiruke y Cian batallaban por ganarle unos segundos al tiempo de comprimido mientras Saichi y Takeo calentaban los motores de la nave de Bright. Los ojos verdes de éste último miraban a través de mí desde la compuerta. Sairu, absorta y abrazada a su collarín, también miraba en riguroso silencio más allá del lago.
La batalla debería haber captado mi total y absoluta atención desde el principio, pero mi cerebro aún era gelatina. Me volteé lentamente y me bañé en el muro de luz, cálida y resplandeciente, que nos protegía del fragor de los golpes. Los músculos de su espalda estaban recubiertos por piel de porcelana. Sentí un ligero sosiego al verle de una pieza, pero la ansiedad fue en aumento al no verle los brazos colgando a cada lado de su torso desnudo. Di pasos torpes hacia él. A medio camino Ritto me agarró por la cintura y me ayudó a caminar a través del lago, sumergiendo mis rodillas en el agua.
―Bright―pronuncié con voz ahogada―Bright, ¿estás bien?
Los zafiros que tenía por ojos estaban tan concentrados en lo que había más allá de su muro, de su conjuro protector, que me ignoró. Entrecerré los ojos para adivinar quiénes eran los combatientes que, en el bailoteo de las aguas intranquilas, estaban intercambiando duros golpes. Eito estaba luchando, sólo él. Luchaba contra otro hombre que no conseguía distinguir bien. No, era un chico. Un chaval. Tenía rasgos suaves y sonrisa burlona de oreja a oreja. Pelo oscuro como la noche que caía a nuestras espaldas.
― ¿Quién es? ―pregunté hacia el horizonte.
―Ictur.
Busqué de nuevo a Bright. Destensó sus brazos (impolutos, sin un rasguño, menos mal... sólo los tenía cruzados) y zambulló sus manos en los holgados bolsillos de su pantalón de uniforme. Por fin se dignó a mirarme y, nada más hacerlo, tuvo que apretar los labios para ahogar una carcajada.
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Ryu; Retorno (2)
FantasySegunda temporada de seis: Retorno. Final del primer libro. Lee la primera parte aquí: https://www.wattpad.com/story/113785126-ryu-llegada El tiempo se escurre entre los dedos de nuestros protagonistas como un puñado de cenizas. Lucharán reclamando...
