Capítulo 11.1 / Un poco de ayuda

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Parte 1


Tras haber salido del cuarto donde se encontraba Ania, el doctor Basurto sintió que el celular vibraba dentro del bolsillo del pantalón. Y al mirar la pantalla del móvil notó que alguien le estaba llamando. El número no se mostraba, tan sólo aparecía como "Privado", así sin más en la pantalla. Se preguntó quién lo estaría llamando a esa hora.

Por un momento pensó en no contestar. Pero pensó en su hermano Abel, por lo que supuso que la llamada podría corresponder a alguno de los secuestradores de éste. Así que decidió por fin atender la misma.

— Doctor Basurto—decía la persona al otro lado del teléfono—, sólo quería asegurarme de que usted haya leído la nota con las indicaciones que le mandamos.

— Primero que nada, quiero saber quién carajos son ustedes y por qué tienen a mi hermano secuestrado. ¿Qué es lo que quieren de él? Exijo una explicación.

— ¡Usted no está en pos de exigir nada, doctorcito de mierda! Como usted comprenderá, nuestra reputación está en juego, y su hermano Abel se ha estado metiendo en cosas que no le incumben y ha estado fastidiando bastante. Así que le he de decir esto sólo una vez y no quiero tener que volver a repetirlo de nuevo. Tiene usted 48 horas para entregarnos 2 millones de dólares o le juro que el puto misógino de su hermano se muere aquí mismo. Así de simple las cosas. ¿Me entendió bien o quiere que se lo repita a manera de balazos directos hacia el puto de su hermano?

— No se atrevería a hacer semejante tontería—dijo el doctor.

— ¿Quiere ver? Podríamos empezar con hacerle saber que tengo a su hermano tan cerca de mí y de mi hermosa vagina, que hasta podríamos decir que el muy tonto ya quisiera lamérmela y darle unos tremendos chupetones hasta que me orine sobre él. Para después, dispararle donde más le duele. ¿No me cree? Tan sólo oiga a su hermano.

Inmediatamente la voz de su hermano Abel se comienza a escuchar por las bocinas del celular, quien comienza a decir unas palabras, aunque con cierto miedo.

— Hermano, ¡ayúdame! Estoy con una maldita psicópata feminazi... Está encima de mí la muy perra... Ayuú...— fue interrumpido por aquella mujer.

— Y lo del disparo, lo lanzaré más tarde, no me ponga a prueba si no quiere que me adelante un poco y le pegue un plomazo en la cabeza a este idiota.

— No te atrevas a hacerle daño a mi hermano, o le juro que la pagará muy caro.

— ¡No se atreva a amenazarme y mucho menos me ponga a prueba! Ya le dije, o me entrega los 2 millones de dólares a más tardar en 48 horas o le juro que le devolveré a su hermano, baleado y en pedacitos dentro de una bolsa negra. ¿Me entendió?

El doctor Basurto sentía en su interior unas profundas y fuertes ganas de responderle a esa voz femenina de una manera todavía más grotesca y no propio de decirle a una mujer. Al fin y al cabo, poco le valía que fuera una mujer e incluso un hombre quien se hallase del otro lado de la bocina. Pero la vida de su hermano estaba en juego, y pese a que se encontraba todavía más contrariado por las acciones de este último, terminó por tragarse su coraje y responder de la forma más diplomáticamente posible.

—Entendí lo que acaba de acaba de decir. Me quedó bastante claro.

—Pues más le vale, si tanto valora la vida de su hermano haga caso, doctor. Su negligencia podría costar una vida—. Y acto seguido, colgó.

Lleno de coraje ante lo que acaba de suceder, el doctor Basurto tiró el teléfono inalámbrico sólo Dios sabe por dónde, puesto que no lo colocó sobre la base del mismo. Más que enojado y contrariado lo que sentía en estos momentos era una fuerte sensación de impotencia. El hecho de no poder hacer nada más por su hermano que cumplir con las peticiones de los secuestradores, el pensar en cómo estaba él, pero más que nada en dónde carajos estaba Abel. Aquella situación comenzó a estresarlo más de lo que debería.

La pasión de Ania (Versión Corta)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora