Capítulo 7

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No es fuego...
Mucho menos lluvia...
Son los Holbein y las sombras.

Tenía que ser una broma de mal gusto. Aunque existía la probabilidad algo latente, sobre alguien encontrando mis notas. Escudriñando mis secretos profundos, la mayoría en relación a mi padre. La historia de Zuly y el príncipe Lowell no pertenecía a alguna famosa editorial, porque papá la creó. Prometió que seríamos los únicos que sabrían de la existencia de ese cuento. Mi favorito del pasado.

En el preciso instante en el que me convertí en mayor de edad, supe con firmeza, que jamás tendría un Lowell en mi vida. No lo necesitaba. Nadie quiere una basura tóxica simulando amor.

Esos dos personajes estaban dementes, su amor era tan extraño, pasajero, e incluso la muerte fue justificable dentro del contexto. Ambos comprendieron erróneamente el significado de un gran sentimiento.

Finalmente. Así lo creía correcto papá. Su forma de afecto fue distinta, llena de escalofríos, profunda. Dónde la muerte era permitida.

¿De eso se trata el amor? De sufrir, soportar, manipular. Si así era. No quería ni sentirlo.

Por eso quizás mi mamá lo dejó ir.

¿Y yo? ¿Lo hice también?

¿Ya no amaba a papá?

Pasaba mi mano detrás de mi cuello, frustrándome, por tantas incógnitas queriendo quemar mi desquiciado cerebro. ¿Era posible? Un par de chicos atractivos sabiendo más de lo que esperaba sobre mi pasado.

— No sé cuáles sean o de qué grado, pero sus líos no son los míos — hablé con la verdad, no iba a hacerlo solo porque a ellos se les ocurría—. Pierdes el tiempo Darel.

—Intentamos protegerte — habló tan seguro, que una corriente extraña recorrió mi piel. Alertándome, como si debiera temer de algo.

—¿De qué Darel? ¡De qué! —eché un vistazo hacia la puerta, si alguien escuchaba mi neurótica voz. Estaría en problemas.

—Lowell escuchó sobre ti — respondió en voz baja, observando los alrededores. Al igual que yo, él temía que alguien nos escuchara.

—Ha...

—Lowell — me corrigió, aburrido de mi lento aprendizaje.

Lo que Darel no imaginaba, es que me gustaba hacerme la tonta.

—¿Cómo está? — no es que me importara mucho, pero quería saber su estado. Haiol se veía tan muerto, que llegué a creer que tal vez sobrevivir sería peor para él.

—Él...no es el mismo chico de hace dos años.

—¿Y cómo era ese chico de hace dos años?

No comprendía la actitud de Darel, de un tiempo a otro sonaba misterioso, luego se reía de mis negaciones. Una extraña chispa en sus ojos se alimentaba a causa de mi duda. Vamos, los hombres también eran complicados.

— Era feliz — finalmente expresó con melancolía.

— ¿Qué le sucedió?

La expresión en su rostro fue tan clara, no iba a contármelo. Darel no confiaba en mí, lo que sea que ocultaban, de seguro contaba con una cortina comprometedora detrás del caos. Toleré su silencio, porque yo hacía lo mismo, cuidaba de mi misma. Mi existencia peligraba si ponía mi historia en manos de un desconocido. Intercambiamos roles, vimos la otra cara de la moneda, e hicimos lo correcto. Guardamos el valor.

Estación Holbein ©Donde viven las historias. Descúbrelo ahora