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Cuando sus alumnos se retiraron del aula, JiMin suspiró y se encaminó hacia los vestidores incluidos dentro del enorme espacio donde impartía sus clases. Ser contratado en esa escuela gracias a su cualidad de enseñanza y profesionalismo definía un formidable honor. No obstante, esto implicaba por demás mucha presión en él, más que de costumbre.

La prestigiosa Escuela de Bellas Artes de Seúl contaba con una gigantesca comunidad de alumnos, ya que su capacidad era impresionante. Su historial estaba repleto de maestros admirables, de incontables premios y de alumnos que fueron formados en ese lugar y que se convirtieron después en los mejores artistas del país, otorgándoles una reputación inigualable.

JiMin había tardado días en digerir el estupor provocado por aquel correo electrónico en el cual le ofrecían la oportunidad de ser parte de esa institución, funcionando como maestro. Estando allí, su vida profesional daría automáticamente un vuelco positivo.

Cuando llegó le dieron varias advertencias. No debía, bajo ninguna circunstancia, tener relaciones con algún alumno o dañarlo. Tenía que ser respetuoso, ser severo y mantener un buen porte, representar correctamente a la institución, eludir los malos rumores... Eran exigentes, y aun así era una algo que podría esperarse de una escuela como aquella. Adinerada, conocida y exitosa. Era predecible.

Sus alumnos habían hecho un buen trabajo esa mañana, a pesar de ser solamente el inicio. Quedaba mucho por perfeccionar, como esos frecuentes errores de postura que solían cometer, pero en sus miradas el esfuerzo podía distinguirse. La danza contemporánea era algo que fluía desde el corazón, que expresaba sensaciones y sentimientos al ritmo de una melodía. No cualquiera era capaz de lograrlo.

Tras una ardua jornada de trabajo, JiMin decidió finalmente tomar el descanso que se merecía. Estando cómodo en uno de los sillones de la sala de maestros, el rubio optó por leer una revista que escogió al azar. Aunque no fuese de su completo interés, necesitaba entretenerse por las siguientes dos horas.

En uno de los tantos artículos se revelaba la escandalosa noticia de un cantante Alfa muy conocido, quien fue capturado en un momento sospechosamente íntimo con un actor, Alfa también. JiMin, fastidiado, pasó con brusquedad a la siguiente página.

—Hola —expulsándolo de su mundo de pensamientos, un hombre de apariencia joven se aproximó para saludarle. Su dulce aroma a cerezas le indicó a JiMin que se trataba de un Omega. Éste se sentó a su lado de forma confianzuda, hablándole alegremente—. Soy maestro en la sección de artes plásticas, específicamente maestro de pintura. Me llamo Kim TaeHyung —se presentó, trayendo consigo un contagioso buen humor.

—Soy Park JiMin, maestro de danza contemporánea en la sección de artes escénicas —el Alfa respondió.

—¡Eres el nuevo! Nos hablaron de ti hace unos días en la reunión de maestros —TaeHyung se silenció, mirándolo de pies a cabeza a la vez que construía un gesto reflexivo—. ¿Sabes? Deberías tener cuidado. Los Alfas corren muchos riesgos aquí.

—¿Qué quieres decir con eso? —indagó.

—En esta escuela hay Omegas de clase alta y con muchísimo dinero, la mayoría son los príncipes y princesas de papá, por lo que están acostumbrados a tener lo que sea que piden —dijo TaeHyung—. Tuvimos a un maestro de poesía bastante guapo en estas instalaciones, tanto que sus propias alumnas intentaban seducirlo constantemente. Él se negó innumerables veces frente a todas, pero una de ellas no quiso aceptar ese rechazo, esparciendo el rumor de haberse acostado con él como venganza. Lo despidieron dos días después. Aunque nadie tenía pruebas, aquí los malos rumores no son tolerados en lo más mínimo.

—Entonces tendré cuidado —JiMin dejó la revista a un lado, dirigiéndose hacia TaeHyung—. ¿Alguna otra cosa que deba saber?

TaeHyung se detuvo a meditar su respuesta. Posterior a ello, empezó a susurrar—: Te recomendaría no acercarte más de la cuenta a la maestra de ballet.

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