Parte sin título 42

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Capítulo 42

—Viejo, te queda una noche. ¿Qué se siente? ¿Alivio? Digo, tu miserable vida tendrá su fin —se echó a reír Tobías.

—Me das pena. Eh. Como sea que te llames.

—Tobías, mano derecha del dion de diones, tu dion. La civilización y la destrucción. Él lo es todo. El todo del todo.

—Siento lastima por ti, Tobías.

Tobías se acercó lentamente a los barrotes, silbando. Dos guardias del castillo (quienes al igual que Tobías los diferenciaba el uniforme naranja y blanco del resto de los miembros de seguridad de la ciudad) trataron de contenerlo para que no se acercara tanto, pero él no se dejó por la autoridad que tenía sobre ellos. Ordenó al prisionero acercarse. Lo quería cara a cara, lo cual se cumplió. El hombre libre le susurró al que no lo estaba:

—Tienes suerte de que no tienes a Dion frente a frente; en cambio me tienes a mí. Pero lo veras más tarde, mañana. ¡Uy!

—Me das lástima Tobías —le contestó de la misma manera: susurrando.

Varios segundos de silencio. Luego vino un escupitajo sobre el rostro del maestro.

—Viejo pendejo — le gritó Tobías. Luego se despegó un poco de él, señalando y con un tono amenazador, le dijo:

—No solo será tu fin. Será el fin de todos los subversivos. ¡Larga vida a Dion! Larga vida a mi señor de señores, dion de diones —se detuvo cuando escuchó al maestro decir algo en voz baja— ¿Que dijiste anciano? Levanta tu voz.

—Solo repetí lo mismo. Me das lástima Tobías. Jamás había vista a un pragma tan insolente e inmaduro. Solo sirves a tu jefe por pura conveniencia. No crees realmente en él. En palabras menos rebuscadas: eres un lambiscón.

Enojado, Tobías se acercó a los barrotes, los agarró y trató (en vano) de sacudirlos, solo sacudiéndose el mismo. Le repetía con autoridad que se callara pero el maestro siguió diciendo:

—Los ateos no creen, pero al menos ellos no alaban al mal ni le sirven. Difiero de ellos, pero el respeto mío tiene. En cambio, los que son como tú, son almas vacías y oscuras. Regresarán tan manchadas a la esencia de la Gran Estrella, que solo serán reusadas para los pormenores más oscuros del mismísimo lado oscuro de la primera nova: capítulo Magma del Libro de Sueños. Específicamente, tercera línea de tal capítulo.

—Estás chiflado. Tu cercanía a la muerte te ha enloquecido anciano —le gritó riendo a carcajadas.

—Si llevaras una vida dedicada al bien, tu alma sería reusada, quizás, en la creación de una bella flor, una linda cascada o una misma estrella. En cambio tu alma podrida, solo sería reusada para crear terremotos, venenos, enfermedades o cualquier otra cosa, de las que causan desolaciones.

- Chiflado. Si aún todo eso fuese cierto, no me importa.

El hombre se retiró apresurado del área de los calabozos. El maestro, ahí mismo donde estaba parado, se sentó, pies cruzados pero recogidos; ojos cerrados, manos, brazos y frente en alto. Quedándose meditando hasta que al rato se durmió; ahí mismo sentado, solo sus brazos y frente dejaron de estar en alto...

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!