Parte sin título 39

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Capítulo 39

La chica del dubi (quien se llamaba Laka Tevon, según la tarjeta de identificación que mostraría más adelante) hizo señas a los conductores de los otros dos vehículos para que se detuvieran. Obedecieron, quedando los tres vehículos a la orilla de la carretera. Laka de inmediato se bajó (desarmada) del vehículo antes de que los dos policías hicieran lo mismo.

—Quédese dentro del vehículo —le gritaron por altoparlante para luego salir ellos también.

—Solo quiero ser buena ciudadana mostrando mis credenciales. Miren.

—No dé un paso más. Retroceda, quédese en el vehículo donde serán registrados —le gritó uno de ellos al tiempo que le apuntaba con un fusil.

El otro representante de la ley le pidió las credenciales a uno de los conductores. Cuando Laka entró a su vehículo, escondió su arpón debajo de una toalla en el área de sus pies antes de que el policía fuera hacia el lado del conductor. Mientras le revisaba las credenciales, le preguntó en un momento dado, que hacía conduciendo fuera de los límites de la ciudad, que si tenía algún tipo de autorización del gobierno para ello. La que contestó fue Laka:

—Oh sí. La forma 204-K la tengo. Déjame ver donde la puse. ¡Ah! Se me hubo caído, está por mi pies. Permítame varios segundos por favor.

El policía dejó de mirarla cuando notó que en el asiento trasero había una adolescente con la descripción similar de la fugitiva número uno del gobierno. Antes de que terminara de nombrarla, un arponazo que entró por su ojo derecho lo llevó a la muerte instantánea. El chofer le gritó a Laka:

—Estás loca. Me rozó la nariz.

Yamirelis gritó consternada. Lois quedó petrificado. El otro policía se dio cuenta, pero recibió un disparo en su hombro derecho, sobre la insignia blanca y anaranjada con las siglas: D. P. C. M. El primer vehículo en arrancar fue el impulsado por motor, segundos después, con extraños silbidos, los conductores de los otros vehículos hicieron arrancar a los caballos.

El policía herido llegó hasta su patrulla, pero no para conducirla y seguir a los sospechosos. En vez, levantó al máximo una antena al lado del baúl. Entró a la cabina, agarró el telégrafo y envió un mensaje. Pronto otras patrullas cercanas se unieron a la persecución.

Yamirelis le dijo a Lois en voz baja:

—Viste eso.

—Te escuché. Concéntrense. Esto se pondrá peor. Diona, tendrás que ayudarnos.

—Ella está muy débil. Estuvo bajo los efectos de un alcaloide, aunque trate, no podrá manifestarse.

—Bien. Saldremos de esto a la manera clásica. ¡Por la Gran Estrella! —dijo eso para luego apuntar hacia afuera, luego de recargar su disparador de arpones sin sogas.

El chofer le dio su revólver a Lois, quien sin vacilar, lo agarró. Empezaron a escucharse las sirenas. Esta vez varias sirenas. Los vehículos de la coalición se acercaban a una bifurcación de la carretera. Una tenía un letrero que señalaba la entrada al sector Laguna Grande y la otra con un letrero que señalaba la entrada al sector Vista al Este. Las patrullas le dieron alcance, cinco en total.

—Agáchense chicos, ustedes son la misión. Nada les puede suceder —ordenó Laka.

Sonaron los primeros disparos y silbidos de flechas...

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!