Capítulo 42: El escape

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✶ 𝓝𝓪𝓻𝓻𝓪 𝓥𝓪𝓵𝓴𝔂𝓸𝓷 ✶

— ¡Soltadme!

Leiftan se debatía entre los brazos de Jamón, quien con dificultad conseguía mantenerlo preso entre ellos. La kitsune se acercó lentamente con un frasco de líquido azul marina en la mano, y lo roció sobre los pies del supuesto Lorialet.

Al instante, este comenzó a retorcerse de angustia y de su espalda surgieron alas como las de un cuervo negro, junto grotescos cuerpos sobresaliendo de su cabello.

Los que presenciamos la escena tragamos saliva con dificultad, luchando por mantener la calma y por no perder el control.

— ¿Por qué, Leiftan? —llovieron lágrimas sobre las mejillas de Miiko, aunque manteniendo la calma no podía evitar mostrar emoción ante la traición de lo que consideramos uno más de la familia—. Tanto tiempo aquí, tantas cosas... y eras tú quien nos estaba traicionando. Siempre pensé que eras una alma buena y pura, pero ahora comprendo que a pesar de todos estos años me sigo equivocando, solo esperaba no tener que hacerlo contigo.

El daemon frunció el ceño, con una expresión que no daba mucha información de lo que sentía. Dirigió la mirada hacia todos nosotros hasta terminar posándose en mi, donde se endureció.

— Si no fuera por ti... ella no estaría tan ciega. —escupió—. Eres la misma escoria a la que te dedicas
destruir.

— ¿Qué narices estás diciendo?

La kitsune que por una vez dejaba de ver ensimismada al demonio, se volteó hacia mí con gesto serio;

— Ella ha estado con ellos desde hace tiempo. —susurro—. Iba a matarme.

— ¡Erika no tiene la culpa!

Chrome, quien apareció escoltado por guardias colocó su palabra en medio de la sala. Me estremecí nada más darme cuenta de lo que estaba ocurriendo, de otro trozo de pastel descubierto.

— ¡Ashkore la extorsiono! —gritó con lágrimas en los ojos, mientras los hombres que lo sujetaban intentaban acallarlo—. ¡No tiene culpa! ¡Ella es buena! ¡Lo es gracias a ti, Valkyon!

La información me colapsaba la mente tan bruscamente que comencé a sentir arcadas. Sentía rabia de no poder haber echo nada al respecto, y no haberme dado cuenta de lo que estaba ocurriendo mientras dormía en las mismas sabanas que yo.

— ¿Donde está? —jadee, acordándome de no haberla visto en el cuarto—. ¿Donde está Erika?

— Se ha ido. —contestó la kitsune.

— ¿A donde? ¿Por qué?

Con un gesto ordenó a los escoltas que llevasen a los traidores a la cueva. Pero antes de que Chrome pudiese salir, impidió que esto ocurriese, ordenando que fuese escoltado de vuelta a su lado. Sin decir nada, continuo;

— No lo se. Ella solo me dijo que quería hacer volver la paz . —clavó los ojos en el hombre lobo, quien aún sollozaba—. Me contó todo sobre ti, Chrome. No tienes por qué preocuparte. —lo soltó manualmente de las cadenas, dejándolo libre—. Ahora solo tienes que ayudarnos a encontrarla.

Chrome por primera vez dejó de intentar comportarse como un adulto y actuó como cualquier chaval actuaría en una situación similar; derrumbarse. Sus molduras que él mismo había creado a partir de los años se rompieron y se abrió completamente a nosotros.

Estúpida Faelienne [ELDARYA] Donde viven las historias. Descúbrelo ahora