32- Lucas

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LUCAS



—Te veo mucho mejor semblante, Lucas.

—¿Usted cree? Bueno, hace una semana me quité el yeso y ya no me duele nada.

—No me refería eso –repuso Karen con una pequeña sonrisa—. Pero me alegra saber que te has recuperado. Tuviste mucha suerte.

Después de que mis padres me revelaran que fue Karen Villar la psicóloga encargada de tratar mi "amnesia disociativa" durante los meses posteriores al incidente, me había comprometido ir una vez por semana a sesiones de psicoterapia en su oficina.

Y no tardé en comprender por qué todos la tenían en tan alta estima: era una mujer increíblemente perceptiva e inteligente.

Además sabía mucho de libros. A veces, cuando le contaba mis inquietudes, ella me hacía poner todo en una balanza usando argumentos extraídos de la filosofía. Al principio me sorprendió. Con Karen acababas sintiéndote siempre reflexivo, a veces iluminado, más que psicoanalizado.

—Me he dado cuenta de que te cuesta menos relacionarte con otros –dijo ella entonces—. ¿Cómo lo llevas?

—Bien, bien. Yo..., bueno, aún me cuesta hablar demasiado en público. Pero ya no siento ganas de salir corriendo.

—Eso es un avance importante.

—Hice algunos amigos. Y ellos no me presionan a hacer nada que no quiero. Igual estoy tratando de salir más y juntarme con gente con la que antes no hablaba. Ya sabe, para tratar de cogerles el ritmo.

Ella asintió. Aunque su expresión era siempre tranquila y nada parecía perturbarla, me daba cuenta cuando adoptaba una postura más grave. Como en esos momentos.

—Lucas, aunque hayas desbloqueado esas lagunas mentales, y creas que puedes volver a tener la personalidad que tenías de niño, no debes forzarte a hacer cosas difíciles. Recuerda que ahora mismo, tu mente sigue siendo muy vulnerable. Tu cabeza ahora mismo es, pongámoslo así, una mente de doble espejo.

—¿Doble espejo?

—Como si dos Lucas distintos intentaran pelear por su sitio.

Intenté no estremecerme. Era increíble lo acertada de su suposición. Pero yo no sabía qué responder.

—Mmm...

—Si aún te sientes tenso o incómodo con mucha gente, no tienes que forzarte a estar con ellos. Lo importante ahora es tu bienestar mental. No eres un bicho raro por querer espacio para ti mismo, ¿entiendes? Puedes ser más sociable si eso quieres, pero también puedes seguir siendo ese chico al que le gusta sentarse a leer sin que nadie lo moleste. Ambas cosas son perfectamente compatibles.

Recordé que con Félix y Brenda había podido hacer esas cosas. Ambos asumieron mi forma de ser con una tremenda naturalidad. Pero recordar esos tiempos era doloroso, pues nunca podrían volver.

A menos que decidiera perdonar a Félix.

Y eso era algo que yo no pensaba hacer.

Me pregunté si él seguía asistiendo a sus terapias con Karen. Lo cierto es que en las últimas semanas, no lo había visto mucho. Vale, miento: si lo veía durante las clases, siempre sentado junto a Brenda, siempre en silencio, como una sombra. Los profesores nunca le pedían su opinión sobre nada, a sabiendas de su carácter difícil, así que era como si simplemente ya no estuviera ahí.

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