» Capítulo XXXVII

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JungKook permanece sentado en el sofá, viendo cómo su padre deja en la mesa del centro un gran bote de helado, algunas cervezas, y muchas frituras. Si, así se pasaban la víspera de aniversario de la muerte de la señora Jeon. Por más que JungKook quisiera salir, e ir a la ecsuela, y todo lo demás, su padre no le dejaba ir.

    Antes, cuando era más pequeño, solía pensar que era lo mejor del mundo. Pero cuando de repente se percató que su señor padre terminaba fijando su vista en un punto lejano a su mundo, comenzó a ser triste. Los días sin su madre pasaron desapercibidos, por la mayoría de tiempo en su vida. Hasta que cumplió 14 años, quizá, y una chica por primera vez se le confesó. Como era de esperarse, JungKook la alejó.

    — Mañana —le dice su papá comenzando a destapar la comida—, iremos por la tarde al cementerio. Irán tus abuelos, y... ¿Creo que también la hermana de tu madre? Quiero que te pongas la camisa roja, no tu traje negro.

    La camisa roja. Esa camisa fue comprada desde hacía años, porque la madre de JungKook decía que su hijo se la pondría una vez que fuera lo suficientemente alto y grande. Cuando a JungKook le quedó por fin, ya había cumplido 10 años guardada.

    — ¿La camisa roja?

    — Sí. Sabes que eso era importante para tu mamá.

     JungKook toma una de las frituras que ha llevado su padre, y las destapa. Eran sus favoritas, era de esas que llevaba siempre en su mochila de entrenamiento. En cuanto JungKook mete una fritura a su boca, una memoria fugaz se le cruza en la mente: cuando cierto tonto se acabó todo lo que compró un día antes para el partido. JungKook mascó el pedazo, viendo hacia el suelo con melancolía. Un dolor se instaló como los últimos días en su pecho y de inmediato, dirigió los ojos hacia su padre, quien también tenía la mirada pegada al techo.

     JungKook, como habíamos dicho, no entendía del todo esas fases. Las repudiaba, sobre todo por eso, porque no las entendía.

     — Papá —la voz del pelinegro sobre sale en el silencio de la televisión. El señor Jeon mira a JungKook y mueve la cabeza—. ¿Cómo conociste a mamá?

    El señor Jeon cierra los ojos, con una sonrisa saliendo de sus labios, y los vuelve abrir. En su vida le habían preguntado algo semejante. Resultaba raro de repente hablar de la única persona que supo amarle de tal manera, y a la única a la que amó tanto, tanto. El padre de JungKook, mete de nuevo una fritura a su boca antes de responderle a su hijo.

    Por otro lado, Jeon JungKook jamás había preguntado antes sobre su madre. O sobre la relación que tenía con su padre. Realmente, saber de ella pudo ser satisfactorio en otro tiempo de su vida. Pero también en ese momento. Era reconfortable.

    — Estábamos en la misma escuela —responde el señor—. Tú mamá era unos años menor. De todas maneras, nos conocimos una vez que yo iba caminando y ella iba corriendo como loca.

    JungKook recarga la cabeza en su mano. Desea perderse en la historia, poder hacer una imagen de lo que sucedía. No revuerda del todo a su mamá, claramente. Solo puede imaginar algo semejante a la imagen de su departamento.

    — Y se tropezó conmigo —la voz del papá sigue sonando fuerte y claro sobre el sonido del televisor—. Por lo tanto ella cayó y yo también. En ese entonces yo era un gruñón y le dije algo muy grosero.

     — ¿Y qué hizo mamá?

    — Se rió y me dijo: vaya, creo que eres mi tipo.

    JungKook creía que su madre era otro tipo de mujer. Pero, si era sincero, era tan agradable como antes a la imagen que se creó en ese momento. Se acomodó un poco, teniendo la intención de escuchar más sobre su madre. Su papá terminó contando cada detalle después de eso: cómo su madre llegaba a verlo al estudio de su universidad, cómo ella siempre era insistente con las citas y cómo su padre terminó cayendo por ella.

Love Ends // kookv¡Lee esta historia GRATIS!