Capítulo 37

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Calder caminaba detrás de su esposa mientras ella saludaba a una y otra persona, con aquella sonrisa inquebrantable y forma de caminar de princesa. Toda ella era el resultado de una creación divina y no parecía que nadie tuviera alguna objeción. Por su parte, Calder se sentía feliz de por lo menos estar ahí, de que ella le permitiese eso. Sabía muy bien que no estaba enojada, lo de Simoneta era una mera farsa para cubrir un problema mayor, del cual ya tenía conocimiento.

Quería que ella se lo dijese, que le tuviera la suficiente confianza para acercarse a él y pedirle ayuda, pero el hecho de que se fuera y estuviera con la postura de alejarse lo más posible de él, le hacía creer que todos aquellos días y noches juntos, no tenían relevancia para su esposa.

—Pero si es Hillenburg —el señor Matthew Bramson le tomó fuertemente del hombro y sonrió—, el hombre al que debemos el festejo.

—¿Ah sí? —Blake alzó la ceja— ¿Por qué es eso?

—Bueno, gracias a su bondadoso esposo, señora, hemos podido tener una buena cosecha, ha invertido en nuestras tierras y al fin nos ha rescatado de la miseria.

Blake volvió la mirada y negó hacia Calder.

—Me alegra oírlo —sonrió la mujer—, supongo que por esa razón mi marido venía tan seguido a Lexington, para ver el progreso.

—Supongo señora —asintió el hombre—, pero no le ha quedado dudas de que podemos manejar la inversión.

Blake empinó un poco de su vino y asintió, todo el tiempo sin dejar de mirar a su esposo.

—Claro que lo sabía, por una razón lo hizo, no sabe usted que el corazón de mi marido es inmenso, ayuda a todos "desinteresadamente".

Calder suspiró.

—Sí, lo notamos —sonrió el señor Bramson sin percatarse de la pequeña disputa entre la pareja—, espero disfruten la fiesta, avisaré a Sara que han llegado.

—Gracias —sonrió Blake hasta que el hombre desapareció. Entonces miró a su marido—, sabía que era por alguna razón desleal como esta. Ayudando a los Bramson, unos de los que más hicieron sufrir a Giorgiana.

—Coincidencia.

—¿En serio Calder? ¿Quieres que crea que fue coincidencia?

—Como dije, eso fue antes. He cambiado.

—¿Debo aplaudirte?

—Al menos escucharme —le tomó el brazo para que no se alejara—, si después de oírme, deseas marcharte, no te detendré. Te lo prometo.

Blake lo miró fijamente y miró en dirección a la mano que la mantenía presa, pidiendo silenciosamente que la soltara y Calder lo hizo.

—Hablaremos en la noche entonces.

—Bien.

Calder rápidamente fue interceptado por hombre importantes que buscaban a toda costa su atención, dejando en soledad a su esposa quién no dejaba de pensar y pensar en más situaciones que alejaran a su esposo de ahí, de ella y del peligro inminente en el que se ponía. Sabía que el deseo de Guillermo Marfet era hacerla sufrir tanto como lo había hecho él y para ese demente, la igualdad vendría al matar a Calder, pensando que de esa forma ella quedaría tan destrozada como él.

—Que haces mi querida sobrina.

—¿Tía?

—Hola —sonrió Giorgiana.

—Pero... creía que tú no, bueno que no te gustaba venir a fiestas de los Bramson.

—Querida, los Bramson no habían hecho una fiesta en años, quizá desde que yo me fui de sus tierras —levantó una copa—, supe que lo lograron por tu marido, debo decir que es listo.

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