Parte sin título 38

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Capítulo 38

Los ayudaron a levantarse. Una ola trató de llevársela, pero el propio Lois la agarró y la llevó lejos del alcance de la hambrienta ola. Hubo dejado de estar manifestada tan pronto tocaron suelo. Apresurados, fueron metidos dentro del vehículo impulsado por motor. La noche era joven cuando procedieron con la marcha tres vehículos en total. Los otros dos vehículos impulsados por dos caballos cada uno.

Lois y Yamirelis estaban en el asiento trasero del modelo T. Un chofer de la coalición se identificó como ateo y una mujer a su lado, quien armada con una especie de disparador de arpones, se identificó como una religio .Ella estaba muy atenta a la periferia. Esa mujer les dio una bolsa de viaje negra y les dijo en tono algo autoritario:

—Ahí tienen ropa seca.

Lois agarró la bolsa de viaje, la abrió y metió la mano sin mirar .Extrajo un panti (braga) rosado.

— ¡Ey! Pervertido, eso debe ser mío, a menos que tú lo quieras utilizar.

—Payasa.

Miró adentro, extrajo un pantalón largo como los de hacer ejercicios, color azul marino, unas zapatillas similares a las deportivas y una camisa blanca. Por último, ella extrajo un traje blanco con algunos diseños (dibujos) de un tipo de flor color marrón. Además, unas sandalias blancas.

—Oye, no me pondré eso ni loca. Así me vestía papi cuando niña los domingos de iglesia. No, no. De ninguna manera.

—Miren mocosos, no me importa quienes sean, yo solo cumplo órdenes; si no les gustan, hagan lo que quieran. ¿Pensaban que yo era una modista o algo así?

Ambos adolecentes miraron a la miliciana: vestida con botas negras, una fatiga militar de una sola pieza. Su peinado, más bien tenía el cabello sujetado al cráneo con un sin número de tipos de hebillas plateadas. Un peinado como los dubis del otro lado del mundo. Los más jóvenes, en ese punto se miraron entre sí, y riendo a carcajadas dijeron casi al unísono:

—Desde luego que no eres modista.

Con el ceño fundido volvió a mirar la periferia, olvidándose del sarcasmo. Lois se quitó su mojada camisa. Ella lo miraba de reojo. Ese torso más o menos definido era el alimento de las pupilas de muchas jóvenes del lado de su mundo quienes compraban revistas y afiches para contemplarlo.

—Deja de disimular, estás loca por mirar; avanza que me pongo la camisa.

—Presumido

—Estoy bromeando. No sabes las discusiones con mi manejador cada vez que me forzaba a posar para las cámaras semidesnudo.

—Eh, aja.

—De hecho. ¿No te piensas cambiar?

— ¿Aquí? En tus sueños. Prefiero quedarme húmeda hasta que esté en un lugar privado. Me voy a virar para que puedas cambiarle por completo.

—Es incomodo, pero lo haré, no aguanto sentir ropa empapada sobre mi piel.

La atención de todos los que andaban en el vehículo (la escolta completa) fue captada por el sentido auditivo: el sonido de una sirena. El ruido provenía de una patrulla de la policía de Ciudad Mundial que se les acercaba a toda velocidad. A través de un megáfono se escuchó lo siguiente:

—Policía de Ciudad Mundial, detengan la marcha los tres vehículos de lo contrario dispararemos. Están fuera de los límites de la ciudad. Área restringida.

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!