Parte sin título 37

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Capítulo 37

—Tranquila Yami, tranquila.

Más, o menos veinte minutos después, en pleno vuelo, comenzaron los estragos del alcaloide. Dejó de hablar. Sólo rugía. Él, recostado sobre el pescuezo de la bestia, dirigiéndola:

—Elévate, baja a este lado.

En un momento dado, Lois ya no lucía tan confiado. La comunicación no era tan efectiva, sobre todo cuando comenzó a tronar y llover. Ella rugía y gemía sin parar; él no paraba de gritarle:

—Elévate, vamos en picada hacia el mar. Por favor. Voy a ti. Tú puedes.

Justo a tiempo reaccionó. Se elevó. La mantenía estable a más o menos mil pies de altura. Lucía como todo un jinete de criaturas voladoras. Ya ninguno de los dos lucía tenso. Seguía el vuelo.

A cada rato él le susurraba frases bonitas y le cantaba canciones. Así estuvieron envueltos... El clima estuvo ayudando también, la lluvia ya era tenue, hasta que un estruendoso trueno avisó lo que acaecería. Entonces llovía copiosamente de nuevo. El jinete esquivaba los ocasionales relámpagos, que parecían empecinados en electrocutarlos. La bestia de nuevo nerviosa, rugía y gemía. Aparte de que pronto oscurecería tras la puesta del sol, las nubes y su descarga adelantaron el proceso.

Hubo pasado una hora de que comenzó a llover. Apenas caían gotas del cielo. Él lucía bastante agotado. A ella parecía están desvaneciéndosele el efecto del alcaloide pulsiano. Ya no batía sus alas con la misma intensidad y potencia.

—Aguanta chica, ya casi, ya casi —dijo para luego recostar su cabeza sobre el lomo y pescuezo.

—Ahí vienen —divisó a lo lejos un miliciano de la coalición. Otro miembro, al escuchar eso, les hizo señas a otros compañeros que se encontraban en varios vehículos, al menos uno de esos impulsados por motor. Uno de esas personas, disparó al aire una flecha de bengala. El brillo en el cielo hizo que Lois alzara su cabeza.

—Llegamos. Prepárate para el aterrizaje.

Esta vez fue un suave aterrizaje...

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!