Parte sin título 36

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Capítulo 36

Dentro de una amplia choza que convirtieron en una especie de hangar, el alfa les mostró a los invitados lo que quedó del ornitóptero. No estaba en condiciones óptimas para volar. Los locales no tenían herramientas ni conocimientos técnicos para reparar el aparato volador. Lo más que pudieron hacer fue recoger las piezas dispersas, en cierto perímetro de la jungla y colocarlas todas en el mismo lugar. De todos modos les agradecieron...

Él la miró. Ella entendió. No obstante ella le explicó que no tendría energía suficiente para tan largo trayecto y sin lugares seguros para hacer múltiples escalas. Pero, él empezó a motivarla. Le recalcó que era un asunto con el que podía.

—Es cierto —interrumpió el alfa— .Perdona la interrupción mi diona.

—No tienes que reverenciarme prosigue.

—Si bien hay límites, como decía un antiguo y poderoso dion: " El límite no se elimina pero se le puede posponer".

—Yo confío en ti. Si fallas, fallamos los dos. Además no hay otra opción. El maestro nos necesita, Ciudad Mundial nos necesita. Es tiempo de que el mal hecho carne deje de regir —dijo Lois.

Ella estuvo de acuerdo, salieron afuera. Escondidos detrás de la vegetación, estaban cientos de curiosos. Ella le pidió de consejo si podía manifestarse en algún o algo volador más confiable, él le contestó que el viaje era largo y que si se manifestaba en algo no orgánico, no podía contener la respiración por más de uno o dos minutos sin desmayarse.

—Tú decides en que te vas a manifestar —le dijo Lois.

— ¿Qué aconsejaría el maestro Figoren?

— Buena pregunta. Conociéndolo, creo que te contestaría algo así como: No te concentres en lo que pienses, concéntrate en lo que sueñes.

De inmediato ella cerró sus ojos, los abrió al escuchar los gritos de los locales, que tras haber estado escondidos, huían despavoridos. Sólo quedaba un sonriente Lois y un asustado y sorprendido alfa, quien exclamó:

— ¡Por los diones de los diones!

— ¿Estás bien amiga?

Ella le contestó con un gran y estruendoso rugido. Él le dijo que era una buena manifestación. Qué si manifestase en un rayo, en segundos llegarían a Ciudad Mundial pero él se quemaría (sonrió).

Con un silbido, Alfa hizo llegar al brujo de su tribu. Éste lucía menos asustado que los demás. Bastante sobrio en denotar cualquier emoción. Él no había huido como los demás, aunque escondido detrás de un árbol estaba.

El extraño en apariencia, el brujo, extrajo de una especie de mochila un extraño material, una especie de hongo blanco del tamaño de una uva, aunque al sacarlo de la extraña mochila, el hongo se tornó morado. Ella le preguntó para qué y para quien era aquello. El brujo (que no se podía distinguir si era un hombre o una mujer) trató de explicarle mediante el lenguaje de señas.

—Había escuchado de ese hongo. Lo mencionan en el libro de Sueños, bastantes referencias. Te lo comes y en cuestión de segundos sentirás los efectos, tanto el negativo como el positivo. Más bien es un alcaloide, una droga potente y peligrosa. Los diones suelen tolerarla a duras penas, algunos diones no sobreviven a su ingesta.

—Eh. ¿Cuál es el efecto positivo? —preguntó ella con voz bestial.

—Tendrías la capacidad de estar manifestada por largos periodos de tiempo. Una, dos, tres, cuatro y hasta cinco horas sin cansarte; dependiendo.

— ¡En serio loco ''head''!

—No te emociones.

De manera súbita, ella le arrebató el hongo al brujo, y se lo echó a su boca...

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!