Capítulo 36

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Hola niñas, perdonen la hora, la verdad es que tengo una situación muy fuerte en este momento con mi familia y en todo el día a penas y tomo el telefono u algún otro aparato, pero les dejo el capítulo de hoy, no haré retos, pero en la semana, no sé que día, estaré subiendo toda la historia, las quiero mucho y les mando un beso a todas, a mi nena que cumple años: Srta-McCall por su cumpleaños . 


Blake jamás pensó que vivir en un lugar como Lexington le fuera a ser agradable. Durante toda su vida había transitado entre grandes ciudades, vivió casi toda su vida en Londres, siempre que viajaba a visitar a sus tíos eran capitales, al igual que cuando se casó. Lexington era un pueblo con las necesidades básicas, sin el ajetreo usual de una gran ciudad, como lo era Nueva York.

Le gustaba salir a comprar las verduras y las frutas que comerían en el día, regresar a la casa donde rentaba su habitación y cocinar aquello para alimentarse a ella y a sus dos pequeños. Su tía Giorgiana le rogó por dos semanas que se mudara a la casa que tenía ahí, que estaba bajo el cuidado de Candice, Julia y Dulce. Pero Blake se había negado rotundamente. Tampoco era como que su tía fuera a quedarse, odiaba demasiado Lexington como para quedarse por más de una semana, según le había contado a lo largo de todo el viaje, tenía algunos malos recuerdos con familias del lugar. Blake sabía que hablaba de Sara y Anica, a pesar de que a ella le parecieran excelentes personas, no podía evitar que su tía tuviera recelo hacia ellas.

—Buenos días señora Collingwood ¿Cómo han amanecido? —sonrió la señora Hillenburg.

Y ese era otro motivo por el cual había seleccionado rentar en esa casa. La señora Hillenburg era una mujer delgada, infinitamente delgadas, siempre bien peinada y con la cara de porcelana, sus cabellos castaños tenían varios mechones canosos a pesar de que se notaba que se lo pintaba, sus labios siempre tenían un color carmesí y sus ropas siempre tenían el color del luto.

—Bien señora, ¿Ustedes?

—Tan bien como puedo despertar en Lexington —se quejó Teresa, la hija de mayor edad.

—Yo he amanecido mejor que una rosa —sonrió Petunia—, el día está maravilloso.

Blake sonrió, tenía a Nick sentado en su regazo y a Kenia en una pequeña sillita de bebé. Cuando llegó a pedir ayuda a esa casa, en realidad pensó que habría problema con el tema del color de piel de Kenia, por la historia que su esposo le había contado, imaginó que la mujer del padre de su marido sería terrible y no admitiría a la pequeña bebé en su casa. Sin embargo, la señora Hillenburg había sonreído hacia la niña y los acogió en seguida.

—¿Piensas ir hoy al mercado Blake? —inquirió la señora Hillenburg.

—Sí, ¿desea que le traiga algo?

—Me harías un gran favor —la mujer rebuscó en su bolso y tendió a Blake unas monedas—, solo me hacen falta algunas patatas para el caldo.

—No se preocupe.

—¿Nos dejarías a Kenia y Nick? —rogó Petunia— Es tan aburrido aquí.

Blake miró con interrogación a la madre de las chicas y esta a su vez asintió.

—Seríamos felices de cuidarlos por ti. Allá afuera hay mucho polvo y hasta daño puede hacerles.

—Bien, se los agradecería.

Blake colocó sobre su cuerpo una falda y una blusa ligeras para tolerar el calor de Lexington, tomó un sobrero de paja y caminó en dirección al mercado. La casa de las Hillenburg estaba ubicada a unas cuadras del mercado, por lo cual no era riesgoso caminar y menos a esa hora del día, que era cuando todas las muchachas salían a hacer su mandado. Para ese momento, con dos semanas ahí, conocía bien los lugares donde eran mejores los precios y las verduras.

El último Bermont¡Lee esta historia GRATIS!