28- Lucas

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LUCAS


Los fármacos y la anestesia me mantuvieron soñando la mayor parte del tiempo.Podía escuchar voces constantes, como si provinieran de muy lejos; eran susurros y preguntas amables de mi familia y el enfermero asignado a mi cuidado.

Preguntas a las que yo respondía sin muchas ganas.

—¿Cómo te sientes hoy, Lucas?

—Mmm...

—¿Te duele cuando te toco aquí?

—No mucho.

—Déjame revisar tu respiración... Bien, eso es. Muy bien. ¿Quieres que prenda la televisión?

—Solo quiero dormir.

Y así, todos me dejaban tranquilo. ¿Para qué permanecer despierto en un mundo tan lleno de crueldad?

Ni papá, ni mamá ni Leo mencionaron lo ocurrido la primera semana que permanecí recuperándome en el hospital. Era una situación extraña, aunque yo tampoco quería hablar con nadie.

Pero en algún momento, cuando perdí poco a poco la noción de la realidad, mis sueños inducidos por los medicamento dejaron de ser solo sueños. Se transformaron en memorias nítidas, dolorosamente nítidas.

Memorias que yo había guardado bajo llave por mucho tiempo...



Los había convencido de arrastrarnos bajo los arbustos que bordeaban nuestracasa hasta la del vecino.

Fue durante mis exploraciones cuando descubrí una abertura en la madera del baño estilo japonés que el hombre había construido en su jardín trasero, y donde él solía darse largas duchas de vapor cantando a viva voz y recitando estrofas de himnos militares.

—Qué asco, Lucas...

—Ohh, miren —Darío entrecerró los ojos—. ¿Se está agarrando su...?

—Parece un rábano seco —dije.

—Dios...

—Shh, Leo! No te rías tan fuerte.

Tuvimos que encorvarnos para ahogar las carcajadas, hasta que nuestro vecino se sobresaltó gritando: "¿quién está ahí?". Aunque conseguimos huir, él sospechó de inmediato que éramos nosotros. Siempre nos había detestado a Leo y a mí: éramos el origen de todos sus dolores de cabeza.

—¡Lucas! —Mamá me miró de forma automática—. ¿Tú fuiste el de la idea de nuevo?

Travesuras similares seguí llevando a cabo pese a los castigos. Siempre me las arreglaba para arrastrar a Leo y a Darío en todas ellas. Nuestro amigo era un chico rojo de risa fácil y contagiosa. Resultaba muy sencillo sacarle carcajadas.

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