¿A donde iremos?

20 2 4

A la mañana siguiente estabamos todos reunidos sobre la azotéa del motel, ya habíamos comido lo suficiente para aguantar varias horas, nos habiamos dado una ducha y un cambio de ropa. Heidy le prestó algo de su ropa a Rubia, aún cuando se negó ella insistió, ahora vestía unos jeans que le quedaban ajustados por la diferencia de tamaño entre ellas, junto con su camisa de tirantes y una chaqueta de mezclilla. Luis solo vestía una muculosa negra con unas bermudas verde militar, aunque le advertimos que debería usar prendas que cubrieran más su cuerpo, pero según él "tenía todo resuelto". Sebastian usaba una camisa negra con las siglas DP y el logo de Deadpool junto con unos pantalomes abultados como de gimnasia. Heidy vestía muy similar a Rubia con la diferencia de no usar chaleco. Albert vestía una camisa verde manga larga y unos bluejeans. Y yo traía encima una sudadera gris y pantalones totalmente negros.

Todos nosotros estabamos observando la ciudad, El parque Francisco de Miranda, El barrio de Petare a lo lejos y el teleférico, todas esas cosas me transmitían una melancolía al recordar mis momentos felices y tristes en esta ciudad, me acerqué a la orilla para sentarme en el borde y dejar colgando mis piernas.

- Caracas. -pronuncié con tristeza al observar todos los edificios semi-destruidos y la horrible soledad en las calles a ecepción de la escaza cantidad de zombies que (según nuestra teoría) buscaban refugio del sól.

Mis primos y Rubia se acercaron a mi e imitaron mi acción quedando con las piernas colgando al borde de la azotea en silencio por varios minutos.

- ¿Qué vamos a hacer ahora? -se aventuró a preguntar Sebastian, pasamos otro minuto en silencio, nadie contestó, no teniamos ni idea.

- No importa a donde vayamos, hay zombies en todos lados. -mencionó Rubia- Desde que empezó esto no hay lugar que esté libre de ellos.

- Espera -le llamé-, dijiste que esto empezó hace una semana -recordé sus palabras-, ¿De dónde vienes?

- Estado Bolívar. -dijo ella sorprendiendonos a todos.

- ¿Viniste desde el otro extremo del país? -preguntó Albert asombrado.

- Fué facil con el carro de mi mamá, hasta que se le acabó la gasolina en una autopista.

- Entonces -medité por un segundo-, la infección comenzó en el sur.

- Pero dijeron que había empezado en un aeropuerto de aquí cerca. -contradijo Heidy.

- Nos mintieron -dijo firme Albert-. Eso hace el gobierno siempre.

- Talvez solo para protegernos del pánico. -comentó Luis.

- Talvez para no quedar mál ante el resto del mundo. -cortó el mayor.

- Ya eso no importa -dije-, ya estamos jodidos, lo que importa ahora es mantenernos con vida, quejándose no se resuelven los problemas.

- Y entonces ¿qué propones? -preguntó Sebastian, estaba empezando a odiar ser el de las ideas del grupo.

- Agh, no lo sé. -contesté.

- ¿Cómo que no lo sabes? eres el cerebro. -se quejó Luis.

- Pues no lo sé, Luis. Es muy exasperante la situación y no puedo pensar, perdóname por no resolver todos los problemas ¿si? -dije ya algo hastiado, molesto y frustrado.

- Bruno no debe cargar con todas las desiciones -intervino Albert-, todos debemos pensar una solución, incluido tú, pendejo -dijo dándole un calvazo a la cabeza de su hermano.

El silencio se hizo presente por un largo rato en el que todos nos manteniamos las mentes ocupadas pensando en como sobrevivir. De mi parte, estaba en blanco, durante todo este tiempo las ideas fluían bien, lograbamos salir casi ilesos de cada situación, pero ahora ya no, es como si mi mente siguiera funcionando pero enfocada en otras cosas.

Zombienezuela. ¡Lee esta historia GRATIS!