Capítulo 4

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Ceremonia de bienvenida.

Vestirme como mamá quería fue algo que siempre me encargué de mandar al fondo de Egeo, uno de mis mares favoritos.

Está claro, que jamás me sentí única, y de mente superior, mucho menos odié mi alrededor o al mundo entero. Algunas veces, no lo negaré, porque sí llegué a sentirme un espíritu libre, que pretendía gobernar sus propias decisiones, y así fue. Cometí tantas imprudencias y mi adorable madre no me detuvo, sólo cargó con las consecuencias, lo único bueno es que ahora sólo son lindas anécdotas. Siempre me pasa de todo un poco, son pequeños sucesos que a la larga le dan sentido a mi vida.

Esa mañana mi alma quería conquistar cosas raras y extrañas,  bien, así son mis gustos. No odio la escuela, pero tampoco es que me guste estar sentada con cara de zombie, es muy tonto, pero necesario para cumplir tus expectativas y sueños en un marco profesional, blah, blah, blah.

Estaba psicológicamente preparada para crear debates en la clase de filosofía cuando inesperadamente vibró mi teléfono.

Instituto Coleman Piotet.

Estimados alumnos, por éste medio nos compete informarles que las clases del día de hoy se cancelan por motivo de la ceremonia de bienvenida, esperando contar con su presencia durante la noche, ¡Será inolvidable!
Para más información, pueden visitar la página de la sociedad de alummos.

Sin más por el momento, las clases se reanudarán el día de mañana.

Excelente día.

Ese baile absurdo para invocar nuevas vibras.

Hablando de vibras. Me llegó un nuevo mensaje.

Admes: Asómate a tu venta :(

Dagna: ¿Debería correr? ¿Vas a raptarme?

Admes: No estaría avisándote.

Me levanté de la cama confundida, con una sonrisa ya nada extraña para mí, de brincos apresurados fue como llegué a la ventana, deslicé la cortina color naranja y abrí el lado derecho, casi muero de un ataque de risa. No lo esperé, pero ahí estaba, usando jeans negros y una playera color blanco, que tenía el dibujo de un pequeño oso café, que se distinguía muy bien a pesar de la lejanía. Mientras que su cabello, cielos, más raro, despeinado y bonito de lo normal.

La cara de sueño que se cargaba, era lo máximo.

Cubrí mi boca, mi mamá odiaba que la despertaran, pues interrumpían los viajes épicos que hacía en sus sueños.

Admes sostenía un cartel, llamativo y bonito como debía ser, aunque no importaba si tenía las características, la intención era de más valor. Me encantó el mensaje.

«Comía un helado, pero no tuvo sentido. No estabas tú.

—¡Eres un traidor Admes! De todas maneras me debes uno — amaba mis gritos, siempre lo supe —. Espera, ahora vuelvo, no te muevas de ahí o te mato.

Levantó sus brazos fingiendo inocencia, y reímos. Me di la vuelta y busqué un peine, éste chico lo necesitaba más en su vida. Con una gran sonrisa, se lo aventé.

—Ahora subo a peinarte — sonrió con diversión al atrapar el peine.

—¡Entra por la puerta, vamos! — lo apresuré.

Admes ya conocía mis peores facetas, así que no me preocupé para nada, después de todo me había arreglado para ir al instituto, digamos que estaba decente. Me paré frente al espejo, vi una chica con ojeras terribles, acomodé un poco mi cabello, usé un poco de colonia corporal, ¿en verdad lo hice? Sí.

Estación Holbein © [Completa ✔]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora