Las chicas me habían ayudado a organizarlo todo y a que Camila no sospechara de nada. Ahora se la habían llevado de compras para mantenerla entretenida mientras yo terminaba de organizarlo todo con la ayuda de Vero y Dinah.

— Es hermoso, Lauren. Le va a encantar —dijo Dinah, cuando habíamos terminado.

— Eso espero —dije mirando lo que habíamos hecho con una sonrisa.

— Ha quedado perfecto. Todo irá bien —dijo Vero, poniendo una mano en mi hombro para intentar tranquilizarme.

Después nos fuimos de allí.

Llegué al apartamento en el que vivía con Camila. Estaba cerca de la playa. Era grande y espacioso. Y tenía una decoración elegante que habíamos escogido las dos juntas. Empezamos a vivir juntas cuando Camila terminó la carrera, ya que yo la terminé antes.

Una media hora después apareció Camila con algunas bolsas de algunas tiendas.

— Hola, mi amor —dijo, dándome un beso en los labios.

— ¿Qué tal te ha ido? —pregunté, y nos sentamos en el sofá de la sala de estar.

— Bien, ¿tú? —dijo, dejando las bolsas encima de la mesita de centro.

— Igual. Solo salí un rato con Vero a dar una vuelta en su nuevo coche —mentí, intentando que no sospechara nada, y ella asintió con la cabeza.

— Adivina que he comprado —dijo con un tono bajo y seductor.

— No se me viene ninguna idea a la cabeza —dije, fingiendo que no me hacía ninguna idea de lo que era.

— Te daré una pista —dijo, acercándose más a mi —. Es negro y queda muy bien en mi cuerpo.

— Creo que ya sé lo que es —dije en un tono bajo al igual que ella —. ¿Piensas enseñármelo esta noche?

— Puede ser —dijo mordiéndose el labio.

— Tengo una idea —dije, acortando más la distancia —. ¿Qué te parece si vamos a cenar fuera y luego volvemos aquí para que me lo enseñes?

— Es una gran idea —me dio un profundo beso, y después se apartó para levantarse del sofá, dejándome con ganas de más —. Me iré a duchar para después arreglarme.

Me quedé un rato más en el sofá con una gran sonrisa, imaginándome lo perfecta que sería la noche.

Una hora después estábamos listas para irnos, y salimos de nuestro apartamento.

— ¿Dónde vamos? —preguntó mi novia, mientras yo conducía.

— Es una sorpresa —dije, mirándola brevemente con una sonrisa.

Pude ver por el rabillo del ojo como ella sonreía emocionaba. Suspiré por lo enamorada que estaba de ella.

Llegamos a la playa y estacioné el coche cerca de donde todo estaba preparado para nosotras.

— ¿Vamos a cenar en la playa? —preguntó Camila, más emocionada que antes.

No respondí. Solo bajé del coche con una sonrisa y le abrí la puerta para que saliera.

La llevé a una playa privada para que estuviéramos solas. Y antes de que llegara a ver lo que había hecho, la detuve y saqué del bolsillo de mi pantalón un pañuelo rojo.

— Date la vuelta —le pedí para poder taparle los ojos con el pañuelo.

Ella lo hizo con una gran sonrisa. Me encantaba verla así de emocionada. Después con su ayuda, le quité los zapatos y después me quité los míos para caminar sobre la arena.

— No me vayas a dejar caer —bromeó con una pequeña risa.

— Eso nunca, Camz —dije, empezando a caminar con ella sobre la arena.

No tardamos en llegar. Y empecé a quitarle el pañuelo de los ojos para que viera lo que había preparado.

Camila miró la mesa con todo listo para que nos sentáramos a cenar con una gran sonrisa.

— Es hermoso, Lauren —dijo, mirándome con aquellos ojos marrones brillando de felicidad —. ¿Cuándo has hecho esto?

— Antes con la ayuda de Dinah y Vero, mientras las demás te entretenían —dije, contándole lo que había hecho antes en realidad.

— Gracias por hacer esto. Es increíble —dijo, dándome un beso en los labios.

Después nos sentamos a cenar a la luz de la luna y con algunas velas a nuestro alrededor para que la cena estuviera más iluminada. Faltaba algo más y eso era lo que me tenía más nerviosa. Era muy importante.

Terminamos de cenar con muchas sonrisas y miradas llenas de amor.

— Quiero enseñarte algo más —dije, poniéndome más nerviosa de lo que estaba antes.

— ¿Hay más? —dijo feliz y emocionada.

— Tengo que volver a ponerte el pañuelo —dije, volviendo a ponerlo sobre sus ojos —. Vamos, Camz.

La llevé con cuidado sobre la arena, y a medida que nos acercábamos, intentaba tranquilizarme lo más posible para que todo saliera perfecto.

— Ya estamos. No te muevas—dije, y la coloqué de espaldas para que no viera nada aún.

Le quité la venda, y ella me miró con ese brillo de emoción en sus ojos.

— Camila, he organizado todo esto porque esta noche va a ser una de las más importantes de nuestras vidas —me detuve unos segundos antes de continuar —. Llevamos cinco años juntas, y soy la mujer más afortunada del mundo porque te tengo a mi lado. Te has encargado de hacerme feliz cada día, y yo he hecho todo lo posible para hacerte feliz a ti también. No tengo dudas de que estamos hechas la una para la otra. Y tampoco tengo dudas de cuanto nos amamos. Quiero pasar cada minuto del resto de mi vida a tu lado, Camila. Quiero amanecer cada mañana junto a ti, y dormir cada noche a tu lado. Quiero que cumplamos todos nuestros sueños juntas, que visitemos todos los lugares del mundo a los que siempre hemos querido ir. Quiero hacerte reír todos los días, y quiero demostrarte cuanto te amo hasta el último día de mi vida. Es una promesa que te hago hoy y que pienso cumplir porque eres el amor de mi vida, Camila, y te amo más que a nada en este mundo. Por eso, hoy, en esta playa donde nos besamos por primera vez, quiero preguntarte si quieres pasar el resto de mi vida conmigo. Date la vuelta, por favor.

Camila se giró con lágrimas en los ojos después de haber escuchado mi discurso.

En la arena estaba escrito con letras grandes "¿Quieres casarte conmigo?". Y había velas alrededor para que se pudiera leer perfectamente lo que ponía.

Mientras Camila estaba sorprendida viendo lo que estaba escrito, saqué de mi bolsillo una caja roja y me puse a su lado.

Ella se giró para verme, y yo me arrodillé frente a ella con una pierna flexionada, y abrí la caja roja para mostrar un anillo de diamantes.

— Karla Camila Cabello Estrabao, ¿quieres casarte conmigo? —hice la pregunta más importante de mi vida.

— Sí —respondió sin dudarlo —. Por supuesto que sí. Quiero casarme contigo, Lauren.

Me levanté de la arena y nos besamos con lágrimas en los ojos por lo emocionadas y felices que estábamos. Y después puse el anillo en su dedo anular.

Camila Cabello era la mujer que me hacía feliz cada día, y voy a pasar el resto de mis días a su lado. Era el amor de mi vida, y yo el suyo. La haré feliz siempre y cumpliremos todos nuestros sueños. Es una promesa que voy a cumplir toda mi vida.

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¡Hola!

Este ha sido el último capítulo de la historia. Solo falta el epílogo que subiré dentro de poco.

Muchas gracias por leer mi historia. Espero que os guste el último capítulo.

Adiós. 🖤

Loving You Despite The Obstacles | CAMREN¡Lee esta historia GRATIS!