Parte sin título 33

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Capítulo 33

Era joven la noche, rodeado ellos dos frente a una fogata en la ribera de un río. Muchos curiosos los observaban, colocados a una distancia prudente. A ambos les hubieron cambiado la apariencia, en especial a ella: ropa étnica, tatuada, peinada hacia atrás con su cabello humedecido y oloroso a flores de vainilla, y tenía como prenda una pulsera con más de una decena de piedritas pintadas con diversas tonalidades de la mezcla del rojo y el blanco. Él no paraba de mirarla. Perplejo. Ella lo notó. Le preguntó con un tono algo coqueto, dulce y sutil:

— ¿Te sucede algo?

— ¡Ah! No, nada. Es hora de irnos acostar. Ellos nos tienen unas casas arregladas. La mía contigua a la tuya.

—Sí. Sin un buen libro, revista, televisor y ni hablar de mi teléfono, conversar contigo frente a una fogata un tantito mejor.

Él solo sonrió. Se retiraron...

A la mañana siguiente partieron junta al Alfa. Este último dejó de acompañarlos cuando llegaron a un punto específico, al comienzo de la colina cual consideraban sagrada, en la que solo los diones podían estar. El rostro de ella denotaba confusión. En fin, subieron por la no muy extensa ni tan alta colina, hasta detenerse brevemente justo a la entrada de una cueva.

—Luce tenebrosa —dijo ella al tiempo que se masticaba las uñas de su mano izquierda.

—Entremos, ni modo —dijo él.

— ¿Qué?

—Damas primeros.

— ¡En serio loco ¨head¨! No inventes.

—Es broma. Dame tu mano. Entremos juntos. De hecho, no debes temer. Eres una diona y —interrumpió ella diciéndole:

—Guíame, porque entraré con los ojos cerrados.

Caminaban despacito, a veces se detenían, aunque breve, cuando escuchaban o sentían algo, como vibraciones o leves toques. Él le pidió luz. Ella accedió y transformó su mano izquierda en una especie de linterna.

—Eso no es necesario —se escuchó decir.

— ¿Salió de las paredes? — le preguntó Yamirelis a Lois, mas éste solo levantó sus hombros.

Rato después se hizo visible. El grito de ella retumbaba en toda la caverna. Finalmente y brevemente Lois le tapó la boca con la palma de una de sus manos al notar que algunas rocas comenzaron a caer.

—No te asustes. Solo soy un Kriodo, tú, una diona, antes fui uno, pero en el otro lado del mundo, donde nos llaman dioses.

Ella trataba de tocarlo, aunque resultaba inútil, mientras Lois observaba tranquilo y callado. Su cuerpo estaba iluminado y no muy bien definido ni estable. Parecía que flotaban sus dedos al gesticular, se perdían en el vacío.

— ¿De qué estas hecho? —preguntó ella.

—Soy algo así. Déjame recordar como ustedes los llaman. ¡Ah! Espíritus, fantasmas, espectros o algo así. Los habitantes de Pulsia y del resto del mundo, no pueden percibirme, ni verme, a menos que yo lo desee. Solo los diones y los dioses pueden verme y a otros como yo.

— ¿Y en este momento estás deseando que te vean? —preguntó ella.

—No es necesario.

— ¿Y por qué Lois tiene sus ojos clavados sobre ti?

Lois fue el que contestó: —Porque en tu lado del mundo yo era un dios. 

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!