Parte sin título 30

2 1 0


Capítulo 30

—Ahí aterrizaremos.

¡En serio loco ¨head¨! Es un —Lois la interrumpió: —Sí, un ornipuerto. Siglos antes del primer aeropuerto en el otro lado del mundo, ya éste existía.

El rostro de ella delataba admiración al máximo. El ornipuerto situado en el centro de la cuidad, tenía más o menos las mismas dimensiones y estructuras similares a la de algunos aeropuertos. Su hermana mayor trabaja en un aeropuerto, quizás aquella imagen le resultaba familiar: terminales, pistas, torre de comunicación, radares, banderas, aparatos aéreos de diversos tamaños.

Ella, señalando con su dedo, pareció haberle hecho una pregunta. De inmediato él le contestó que se trataba de un ornitóptero comercial, enorme; con una capacidad de abordaje de sobre 200 pasajeros. Lucía como un 747 excepto por las alas. Justo al lado de ese aparato fue que Lois aterrizó el suyo de forma vertical. Apagado el motor, salieron del pequeño aparato.

—Eh, todos esos aviones.

—Ornitópteros —corrigió él.

—Sí —continúo ella—. Estos orni, como quiera que se llamen, lucen abandonados, de hecho, este grandote parece un vivero. Mira cuantas hojas y ramas le salen por las ventanas.

Riendo él le contestó: —Niña ¡Claro! ¿Te hube dicho que hace más de setenta años que la ciudad, es de hecho, una ciudad fantasma?

—Eh. ¿Qué hacemos aquí? ¿El destino de tu misión?

—No, no, no y no. Hicimos una escala. Necesitamos reabastecer de combustible el orni.

— ¡Oh! Lamento informarte que los empleados no pueden atendernos.

—Que payasa eres.

—Más bien, tengo hambre. Más bien tengo antojos. Pero no creo que haya algún restaurante o cafetería abierto en este momento.

—Después que me ayudes a verificar a cuales de estos ornitópteros les queda combustible, y que me ayudes a sacárselo y abastecer al nuestro, entonces te llevaré al parque central; está repleto de árboles frutales. Los vi desde arriba.

— ¿Y si no encontramos combustible?

—Más vale que encontremos combustibles —dijo él con el ceño fruncido pero con voz en tono de broma.

Un aullido les interrumpió la conversación. Él petrificado, ella boquiabierta frente a Lois, quien detrás de él, como a 30 pies de distancia, tenía un leopardo violeta clavándole la mirada. Ella echó a correr en dirección contraria; se detuvo repentinamente y gritó a sí misma:

— ¿Qué rayos haces Yamirelis? Su brazo derecho se convirtió en un enorme dardo tranquilizante. Se volteó. Perpleja quedó (su brazo volvió a ser) al ver a Lois tirado en el suelo riéndose mientras el animal le lamía el rostro.

—Ven chica. Los leopardos aquí son domésticos y cariñosos.

— ¿Es en serio loco ¨head¨? Si tuviera mi teléfono o mi tableta, juraría que te tomaría un video y la publicaría en todas mis cuentas de redes sociales. Hashtag: ¿En serio?

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!