Parte sin título 29

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Capítulo 29

El ornitóptero reflejado en un paisaje de cielo claro. Fue cuando ella despertó, que se dio cuenta que hubo amanecido, aunque antes hubo escuchado un:

—Buenos días (cual fue respondido).

Él le indicó que habían llegado.

— ¿A dónde? —preguntó ella siendo contestada su pregunta después que señalara con el dedo.

—Ciudad Isla o Ciudad Paraíso, al norte de Pulsia, o América del Sur como la llaman en tu lado del mismo Mundo.

— ¡Wao!

—Sí, la isla completa eso era, una ciudad como una Manhattan, de hecho, se conecta a Pulsia a través de un extenso puente.

— ¡Esa estatua!

La estatua, que media más de cien metros desde el suelo era una representación de Da Vinci. Con sus manos extendidos como dando la bienvenida. La base de la estatua cubría casi todo un islote cercano, estaba en malas condiciones el monumento, pero intacta.

Sobrevolaban la cuidad. Ella estaba embelesada mientras escuchaba datos históricos. Le explicó que estaba (la isla) abandonada desde hace más de setenta años, cuando un dion masacró y expulsó al resto de los habitantes. La ciudad fue fundada por adoradores del dion Da Vinci. Ella observaba. Fijó su mirada sobre tres grandes grandes torres, cada una medía más de mil trescientos pies de altura. Eran conocidas como las torres trillizas. Su estilo arquitectónico se asemejaba a la de la torre Pisa, aunque modernas en comparación con aquella.

Luego fijó su mirada sobre lo que parecía (en efecto lo era) un estadio deportivo al aire libre. Pero más parecía llamarle su atención un enorme televisor, tipo análogo, ancho hacia atrás, que era el equivalente a las pantallas planas de los estadios deportivos del mundo paralelo del que ella provenía.

— ¿Y a ése lo conoces? —le preguntó él, señalando un muro de quinientos pies de altura y ciento cincuenta de ancho, con el retrato pintado de un hombre al que le faltaba parte de la oreja izquierda, rostro inexpresivo y como dato curioso sostenía en la mano izquierda un pequeño jarro con un girasol. El muro estaba contiguo a un edificio que albergaba uno de los museos de arte de la cuidad.

—No. Ni idea.

—Vamos. Acá fue un dion, pero es de tu Mundo. Hoy día allá es recordado como un célebre artista o pintor.

—Eh. No sé mucho de bellas artes, aunque me agradan. ¿Fue un dion malévolo?

—Más bien no estaba en sus cabales. Estuvo aquí solo dos semanas. Según el registro histórico, él llegó como todos ustedes, de la nada. Andaba siempre enfadado. No hablaba con nadie. De hecho, nunca habló. Al menos no en público. Pronto descubrió lo de las manifestaciones. Cometió abusos. Le declararon la guerra. Sin embargo, en un momento dado, salió de una casa con una lata de pintura y una de sus manos manifestada en un pincel. Comenzó a pintar donde quiera: paredes, pisos, techos, papeles... El alcalde de entonces, sabiamente capitalizó ese detalle y ordenó un alto al fuego. Ordenó a la policía confiscar todo tipo de pinturas de los hogares, tiendas y fábricas de toda la cuidad. Ordenó colocarlas cerca de donde el dion estuviese. En un momento dado de su estancia, fijó su mirada sobre ese muro que por sí era una escultura. Se agrandó del tamaño de ese muro e hizo un autorretrato.

— ¡Increíble!

—Nada, al cabo de par de días nunca se supo más de él. Despertó allá.

— ¿Y aquella torre algo horrorosa, allá, en la única colina de esta isla?

— ¡Oh! Chica. Esa es la torre Wardenclyffe o torre Tesla. Transmitía electricidad inalámbrica, no cables.

— ¿De veras?

—Obsequio de un dion, que en otro lado del mismo mundo, era un estudiante de ingeniería eléctrica y admirador de un genio inventor del lado de tu mundo llamado Nicolás Tesla. ¿Alguna vez has escuchado hablar de él?

—No recuerdo, pero me gustaría decir sí, para sonar culta (Rieron a carcajadas). 

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!