» Capítulo XXVII

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Era una mañana nueva. TaeHyung miraba desde su lugar en la cafetería la mesa donde JungKook estaba sentado. Nunca se había sentado a desayunar con él. Y, siendo sinceros, el tiempo después de la escuela y por las mañanas parecía ser insuficiente. Quería pasar más tiempo con JungKook. La mesa de Jeon JungKook estaba rodeada por todos: algunos jugadores del equipo, chicas del club de canto (que quieren convencer a JungKook te entrar), chicos del club de matemáticas. Algunos otros coquetos, que estaban ahí intentando saber de él. Básicamente cualquiera que consiguiera sentarse ahí.

    TaeHyung rueda los ojos y suelta un manotazo en su mesa. Asusta de por medio a JiSoo, a YoonGi y a Jimin, quienes desayunaban tranquilamente.

     — Quiero ir a desayunar con JungKook —exclama animado, viendo a los otros con ojos furiosos.

    Los tres en la mesa ruedan los ojos y miran a TaeHyung confundidos.

    — Pues ve.

    — Sí, qué importa. Es tu novio, ¿no?

    Jimin y YoonGi hablan. Aunque TaeHyung se queda un momento callado; no eran novios oficiales porque no aclararon esa parte aquel día del cumpleaños. De hecho, no volvieron a hablar del tema nunca más. Había pasado una semana desde eso, y hasta aquel punto, no estaban los avances agigantados que YoonGi y Jimin esperaban. TaeHyung estaba feliz con JungKook. Eso importaba bastante.

     En otras cosas, TaeHyung no sabía cómo reaccionaría JungKook si se iba a sentar por ahí.

     — Bueno... ¿Y si le desagrada? —cuestiona al aire, intentando obtener respuestas concretas.

    — ¿Desagradarle? Solo vas a ir a sentarte con él.

    Quería darle su regalo de cumpleaños. Después de unos días, muchos en realidad, de pensar que iba a darle, decidió que un maletín sería bueno. Una vez escuchó a JungKook decir que quería comprarse uno porque la mochila lo hacía sentir tedioso y que, además, el color de la que tenía se estaba desvaneciendo. Fue una inversión elevada; esa cosa era muy, muy, muy cara, pero al final de cuentas era para JungKook. Valió la pena limpiar toda su casa para que su mamá le diera dinero.

    Entre otras cosas, JungKook regresó al equipo de basketball. No le dijo a nadie por qué se salió ni por qué decidió volver a entrar.

    — Bien. Deseenme suerte.

    Seguido de esas palabras, Kim TaeHyung se puso de pie y comenzó a caminar hasta la mesa. Las miradas se posaron sobre él. Rara vez veían a TaeHyung con tanta seguridad caminando hasta donde el tumulto de gentes hacían que el receso de JungKook fuera una mierda. Podía escuchar el bullicio de todos, las palabras, y miraba también que JungKook solamente tenía recargada la mandíbula en su puño; quizá queriendo morirse porque todos lo estaban abrumado. Nunca entendió por qué él se dejaba de esas cosas. ¿Por qué no se iba y ya? Su actitud era realmente dura como para aguantar a todos aquellos.

    TaeHyung dio unos pasos hacia la mesa, pero no podría entrar entre todos ellos porque eran demasiados.

    — Eh —dice el chico castaño en voz baja porque nadie le deja meterse. Hasta parece que lo están aislando—. Disculpen...

     Nadie le mira. Todos siguen en su mundo con JungKook, preguntándole si ya hizo la tarea, si no quería alguien que se las hiciera. Que qué le regañaron en su cumpleaños, que si no quería algo para comer. Que donde estaba su acompañante, si esa playera roja era su favorita. También de cómo estaba en las materias. Si se quería unir en el grupo de música... O matemáticas... O gimnasia... O fútbol... O volleyball... O... Cualquier excusa era suficiente.

Love Ends // kookv¡Lee esta historia GRATIS!