» Capítulo XXVI

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— Irene —dice JungKook entrando por la puerta de su apartamento—. Estoy en casa.

     La presencia de unas maletas en la entrada le hacen estremecerse. El olor a comida grasosa llega hasta sus fosas nasales, y suelta un suspiro al caer en cuenta que la televisión está encendida en el canal de noticias. Ese canal que repetía una y otra vez todas las noticias que habían a lo largo del mundo. Canal, que sabía que estaba contratado en el departamento solo porque su padre lo quería.

    Significaba que papá estaba en casa.

    Dejó su mochila al lado del perchero, y quitándose de encima la gabardina, caminó hasta la cocina. Escuchaba el tintinear de los platos y vasos y la voz gruesa del señor Jeon. Su padre nunca fue una persona agradable para todos.

     — Ya estás en casa —dice el señor Jeon viéndole entrar. JungKook asiente un poco incómodo—. Es demasiado tarde, ¿qué haces después de la ecsuela? Ya tienes 17, no puedes estar haciendo tonterías.

    La actitud de su padre siempre fue áspera. Incluso antes de que su madre muriera. Siempre lo vio como alguien potente, con fuerza, un líder que era digno de seguir. El señor Jeon era jefe de una empresa, fuera de la ciudad y hasta a veces del país. No pasaba tanto tiempo en casa y con suerte veía a JungKook unos días al mes. Si es que llegaba, claro. Durante esos días se podría decir que para JungKook eran los momentos más desastrosos. Los dos Jeon, padre e hijo, compartían la actitud gélida pero eran muy distintos entre sí.

     — Lo sé —responde sin muchos rodeos—. Tenía algo que hacer.

     Irene, por otro lado, siendo prima de JungKook por parte de su madre, casi siempre intentaba que esos dos se llevaran un poco bien. Bae JooHyun era la única de la familia de la señora Jeon que hablaba con el padre de JungKook.

     La familia Bae nunca tuvo un agrado por completo hacia el mayor Jeon. Todos decían que esa personalidad incesante, áspera y fría terminaría por amargar la vida de la madre de JungKook.

     — Bueno, tío Jeon —Irene quiere liberar el ambiente incómodo que se ha creado en esos momentos. Deja en la mesa la carne que ha preparado para su tío, y pasa unos cubiertos—. El cumpleaños de JungKook...

     — Sí. Lo sé. Feliz cumpleaños, hijo.

     JungKook asiente dándole poca importancia. La verdad era que esperaba menos. Su padre no solía recordar fechas importantes. Solamente recordaba la fecha de la muerte de su madre, y su cumpleaños. Por esas fechas, el señor Jeon se tomaba el tiempo de ir  a casa y estar con JungKook unos días. Solo estar. No hacían nada productivo, o interesante. Obligaba a JungKook a quedarse en casa. Una vez, dos años después del fallecimiento, fueron al cementerio a dejarle flores. Pero después de eso, nunca más.

    JungKook se sienta con nada más que un vaso de agua a la mesa. A su padre le molestaba comer sólo. Lo entendía, también heredó eso. Odiaba comer sólo porque no podía conversae con nadie. Su casa siempre estaba sola.

    — ¿Y qué hacías después de la escuela? —pregunta el señor Jeon—. ¿Tanto tiempo te quita? 

    La frialdad de su padre era diferente a la suya. Él era cortante, el señor Jeon era más gélido y serio.

    — Nada importante.

    JooHyun está en silencio, de pie recargada en el borde de la cocina. Juntar a esos dos cada mes era difícil. En todo el tiempo que había estado ahí, era la única vez que los veía hablar tanto. Ninguno de los dos era fácil de tratar. Tenías que ser demasiado duro o persistente para hacerlo.

     — ¿Es que a caso ya tienes novio?

     — No —JungKook quiere sonar frío y seguro, sin embargo le sale como una pregunta—. Papá, no quiero hablar de eso ahora.

     — ¿Cómo se llama?

    Era curioso que no recodara su cumpleaños pero sí quisiera saber quién era "su novio". JungKook miró a Irene con algo de inseguridad y ella solo le hizo unas señas de "anda, ve". Nadie entendía por qué esa relación era tan mala, no. Mala no era la palabra. Solamente sus mismas personalidades no se podían llevar entre sí. JungKook quería no hablar, el señor Jeon sí quería hablar pero a su manera.

    El silencio tan característico de la casa se vio de vuelta. De fondo sólo se escuchaba el canal de noticias repetir las nuevas de la mañana.

     — Bueno, si no es nada oficial, supongo que no quieres decirme —su padre habla, restándole importancia al tema—. ¿Es eso? ¿No es oficial igual que todos los demás?

     JungKook tensa la mandíbula y muerde su lengua. Su padre era un cabeza dura.

     — Simplemente no quiero hablar de eso ahora.

     En algún momento, Irene ha desparecido. Estar ahí cuando ellos dos comenzaban a estresarse no era buena idea. En una ocasión se vieron envueltos en un tipo de discusión intelectual llena completamente de sarcasmos, risas cínicas y esas cosas. Los dos se retaban con la mirada y resultaba ser muy, muy, muy de miedo. Por eso se fue de ahí.

    Por otro lado, el padre simplemente quería enterarse de lo que estaba pasando en casa mientras estaba fuera, trabajando.

    — Bien... No es oficial.

   — Se llama TaeHyung —menciona JungKook cansado de que su padre repitiera lo mismo una y otra vez.

    Era insistente. Sabía como hacer que su hijo hablara; lo conocía. Entendía sus mañas, las cosas que le gustaban y las que no. Sabía que JungKook amaba la leche de banana, que odiaba celebrar su cumpleaños. Que su color favorito era el azul, no le gustaba el color celeste. Su número favorito era el 27. Le gustaba halloween. No usaba nada más que botas, su gabardina favorita era la negra con botones blancos. Sus pantalones eran de colores oscuros y solo tenía una playera roja que fue la que le regaló su madre. Era su favorita.

    Nunca estuvo tan alejado de JungKook como parecía. Estaba al pendiente de sus cosas, por muy lejos que estuviera. Lo quería, y mucho. Pero la manera de demostrarlo era distinta.

    — ¿Y es lindo? —se atreve a cuestionar con algo de incredulidad. Mastica la carne que está apunto de terminarse—. ¿Cómo es?

    JungKook odia hablar de esas cosas. Pero que su padre le pregunte es algo que no se repite. Probablemente nunca vea a TaeHyung y tenía que explicarlo al menos.

     — Ajá —dice medio aturdido—. Él es... No sé. Supongo que es tedioso, jocoso, medio risueño. Y optimista. Habla mucho. Demasiado insistente.

     El señor Jeon suelta una risita que extraña a JungKook.

     — Se parece a tu mamá.

    Sí. Podría ser. Pero JungKook nunca tuvo una imagen clara de su mamá. Sólo sabía que ella llegaba a las tres de la tarde a la casa. JungKook solía esperarla sentado en el sofá y cuando su mamá llegaba, ella lo saludaba y le acariciaba el cabello. Revolvía su cabello. Él la abrazaba y se pasaban lo que restaba del día pintando. Su padre llegaba un poco más tarde y después de eso, los tres veían televisión. JungKook con la cabeza encima de la barriga de su padre.

     Aunque recordaba aquello, no podría describir con exactitud la actitud de su madre.
 
      — No lo sé, no lo recuerdo —admite JungKook después de intentar aliar a su mamá con TaeHyung.

     — ¿Tienes fotos de TaeHyung?

     — No.

     Irene iba entrando de causalidad en ese momento. Recordó algo, y regresó hacia la sala por su celular. Rebuscó la foto de un día atrás y sonrió acercándose al papá de su primo.

     — Yo sí —habla Bae JooHyun—. Es de ayer. Mira, tío Jeon. Es el chico que está al lado de JungKook.

     Después de ver la foto y hablar de cosas que no tenían mucha importancia, su padre le dijo que regresaría a la mañana siguiente a su trabajo. No hablaron nada más durante el día.

    

    

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