Carta 4.

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Bebé,

Hoy volví a llorar por vos.

Y ya son seis días sin vos.

En todo el resto de la semana, los días que no escribí, estuve distraída por el colegio. No tuve muchísimo tiempo para pensar en vos. Pero hoy, no me pude dormir. Y una cosa llevó a la otra, y te recordé. Y tuve muchísimo tiempo para pensar.

Me acordé de la vez que chocaste contra la puerta corrediza de vidrio que separaba el fondo de la casa de allá de Buenos Aires, de la casa en sí. ¿Te acordás de la vez que chocaste contra el borde del sillón porque no saltaste lo suficientemente alto? ¿Y las veces que mamá puso la estufa para que no pases al living y vos la saltaste? ¿O cuando puso las sillas y vos, tan ágil como eras además de chiquito, las saltaste y pasaste al living igual?

Oh, bebé, me acordé de todas esas veces y más. Me acordé de la vez que fui a la terraza y pasé muchísimo tiempo con vos, jugando y riendo. Siendo feliz.

Bebé, ya no soy feliz. Ya no puedo serlo nunca. Eras el único que me hacía feliz, el único que mejoraba incluso el peor día. Y ya no estás. Ya no estás, bebé, ya no estás. Te fuiste, y con vos te llevaste la mejor parte de mí. Soy como el yang, pero sin el puntito blanco, sin su lado bueno. Porque vos eras lo único bueno en mí, eras lo único bueno. Y ahora te fuiste, y solo quedó lo negro, lo malo.

Me di cuenta que fingí por tanto tiempo estar bien, que a veces incluso me lo creo yo misma. Pero luego estoy sola y tengo tiempo para pensar, y me doy cuenta que me estoy mintiendo a mí misma.

Y me miento tan bien, bebé. Tan, pero tan bien.

Te extraño horrores y no puedo vivir sin vos.

Con amor,

Yami.

20/09/2014, 02:48 am.

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