Prólogo

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Año 2150, pasado

Hoy en día eh vivido lo suficiente para contarlo, una anécdota de muerte, la tercera guerra mundial, dónde más de 7 millones de personas murieron en esa guerra.

La tecnología era muy avanzada, en ese tiempo. No eran tiempos de sueño, si conseguía dormir, serían minutos, pero fueron minutos en los que se podía descansar, eran minutos que se sentían horas, la humanidad se destrozaba entre sí, nunca vieron que la verdadera amenaza era tanto el que apuñalaba como el apuñalado.

La vida en ese tiempo era catastrófica, la extinción de la humanidad y la renovación de la misma.

Todo comenzó por un disturbio internacional, la muerte de el presidente, de la cual fui inculpado, el presidente fue envenenado 2 días antes de la catástrofe mundial, para ese tiempo yo ya estaba en prisión, de la cuál fui liberado tiempo después de la catástrofe por una bomba, no recuerdo después de la bomba, pero recuerdo despertar en un lugar en ruinas, no había nada ni nadie, solo un par de ladrones buscando cosas de valor, me levanto del piso y me miran y exclaman que seguía vivo, intenté hablar pero no pude, uno de los ladrones me apuntó diciendo que sería mi muerte definitiva, recuerdo que me dijo "mutante" pero sigo sin saber porque, después de decir eso jaló el gatillo impactando la bala en mi pecho, en el lado contrario al corazón, caí por la fuerza de empuje de la bala, se fueron y me dejaron tirado, agonizando, no sonaban balas, ni cañones, ni gritos, ni bombas, no sonaba nada, me levanté y miré a mi alrededor, no veía más que niebla y obscuridad, ¿era de noche?, no, no lo era, estaba dentro de una cueva, salí de esa cueva y vi algo peor que la catástrofe, no vi nada, no había ciudad, no había personas en ella, peor aún, las cosas que caminaban sobre lo que antes era la ciudad, eran deformidades, me aterroricé al verlas, comencé a tocar mi cara esperando no sentir ninguna deformación, afortunadamente no había ninguna.



La guerra al parecer había terminado, pero no de una buena forma, me dieron ganas de llorar al ver la ciudad en la que vivía mi familia, yo, mis amigos, mi esposa, mis hijos, ya no existía, estaba sólo, recuerdo haber visto el anillo que portaba la persona que amaba, aún con el anillo con abolladuras, apretándolo con toda la fuerza y con todo sentimiento juré que asesinaría el que comenzó y terminó esto

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