Capítulo dedicado a: Jaz y Tefi.

*AVISO: Traten de leer el capitulo escuchando la musica que está mas abajo.

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En solo segundos me separé, corriéndome hacia atrás. El me miró sin asombro, como si supiera que eso pasaría. Mi mirada estaba fija en sus ojos, dejando al descubierto mis nervios e inquietud. Algo tímida, la bajé a su boca y esa vez fui yo la que, literalmente, se lanzó sobre el para acabar con la poca distancia que había entre nosotros, por segunda vez.

No tardó en llevar sus manos a mi espalda y sumarse al movimiento de mis labios, los cuales lo besaban de una forma desesperada. Mi mano izquierda acariciaba su nuca, despeinando su pelo húmedo, mientras que la derecha se encontraba apoyada sobre su pecho, lo que me permitía sentir que su corazón latía al igual de rápido que el mío.

Poco a poco, el beso fue intensificándose cada vez más, hasta llegar a convertirse en algo "bruto" y torpe de parte de ambos. Ni sé cuanto tiempo llevábamos en esa posición, pero ni pensaba en separarme de él, no quería soltarlo, no otra vez.

Comencé a sentir el contacto directo de sus manos en mi espalda y como el calor de mi cuerpo disminuía de un segundo a otro cuando mi remera empezó a subir, hasta retirarse por completo de mi cuerpo. 

Los nervios me consumían y el miedo me invadía. Jamás lo había hecho, ni siquiera con Nicolás había tenido la suficiente confianza, nunca había estado lista del todo. Esa era mi primera vez.

Tiró mi remera por algún lugar de la habitación y volvió a acercarse, pegando su frente con la mía, mientras mis manos acariciaban sus mejillas.

Oriana: Te amo.

Dije con miedo, mirándolo a los ojos, que en ningún momento habían dejado de ser cristalinos. Me miró con ternura.

Julián: Y yo a vos mi amor.

Sonreí, con mis ojos llenos de lágrimas y lo volví a besar, a su vez, yo misma encargándome de desabrochar los botones de su camisa, la cual eliminé de su cuerpo, pasando mis manos por sobre sus hombros, hasta que esa tela blanca cayó sobre la cama.

Y de un momento a otro, ya ninguna prenda nos cubría, solo las blancas sabanas, que eran las únicas testigas de lo que fue y será algo inolvidable e inborrable de mi memoria.

Varias lágrimas se me escapaban cuando el besaba mi cuello y no me veía a los ojos. Pero a la vez, sonreía , sin poder creer que era él, que estaba junto a él otra vez, después de cinco interminables y eternos años. Por esa razón, repetía "Te amo" en su oído y dejaba besos en su cuello una incontable cantidad de veces, como si lo fuera a perder y ese fuese mi único remedio para mantenerlo a mi lado, en esa oscura habitación, donde la única luz era la poca que emitía la lámpara, que se encontraba sobre la pequeña mesa de noche.

•● Enamorada por accidente ●• | #Orian¡Lee esta historia GRATIS!