Capitulo V

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Jane volvió a hacerlo. Levanto su mano, y una estructura de agua se elevó hasta la altura de su mano, dejando un vacío en el lava manos.
Hecho su mano hacia atrás lo más rápido que pudo, y tomó una mano con otra, como si tuviese algún problema. 
El agua cayó de nuevo al lavamanos, salpicando el agua en todas direcciones, y mojando su buzo de color azul, transformándolo en un azul más oscuro.
La chica miro su mano fijamente buscándole una explicación.
Extendio su mano para volver a hacerlo, pero no sucedio nada.
Juntó ambas manos y se hecho agua fría sobre su rostro. Así que vuelvo a cambiarme y bajo las escaleras.
Intento despejar su mente y salió hacia su dormitorio a cambiarse la remera y luego bajar las escaleras.
Un sonido estruendoso sonó.
Un rayo pensó.
Su reparación comenzó a acelerar.
Otra vez sintió como sus pulmones se cerraban.
Corrió lo más rápido que pudo hacia la cocina, sus músculos comenzaron a debilitarse, y le costaba caminar.
Abrió el primer cajón de la mesada, y lo tiro al piso. Metió ambas manos usando el inhalador que su padre le había comprado y ella había guardado ahí dentro porque no volvería no volver a usarlo.
Colocó el inhalador en su boca y presiono el primer disparo.
Pero nada salió.
Comenzaba a no sentir sus manos, tomo otra vez el inhalador y con sus últimas fuerzas precio no el inhalador otra vez y este funciono.
Sus pulmones se abrieron nuevamente, y una ráfaga de oxigeno entro dentro de sus pulmones y comenzó a sentirse mejor.
Levanto su mano y al tomar a mensa se ayudó a levantar.
Recordó la gran cantidad de veces que su padre la llevo a un psicólogo, para poder superar su trauma.
Y siempre su psicólogo decía mientras golpeaba su lapicera contra una carpeta.
—Todo está ahí dentro— señalando a su mente—solo debes tirarlo a la basura—.
Jane tomó su inhalador y lo arrojó dentro de la mochila.


Abrió la puerta, cubrió su cabeza con la capucha de la campera color negro que llevaba encima y comenzó a correr hacia afuera.
Sintió las gotas de agua caer sobre su cabeza.
Pasó por delante de la casa de Derek, pero aunque lo había visto el otro día, su casa aún seguía como la última vez que la vio.
Al llegar frente a la escuela vaciló un momento en subir las escaleras y entrar, pero, dobló en la esquina y continuó corriendo.
El sonido de otro rayo cayendo hizo temblar a Jane, y sintió como si todos sus músculos se entumecieran de miedo.
No se dirigía a la piscina de entrenamiento, se dirigía hacia la boca de tormenta.
Al llegar se detuvo a mirarla, el agua venia por el costado de la calle hacia la boca de tormenta.
Hago lo mismo que hice la otra vez o soñé que hacía.
Recordó lo que hizo la última vez.
Tomo el collar con ambas manos y comenzó a pensar en su madre, pero nada paso.
Parecía tan real. Pensó.
Le había resultado en su mente, como si en verdad esa boca de tormenta se hubiese abierto y ella hubiese entrado dentro.
Pero las palabras en su mente, de su padre, explicándole que todo debió de haber sido un sueño le hacían pensar lo opuesto.
Tomo el collar con una mano y lo guardo para dentro de la camiseta.
Comenzó a escuchar un sonido, el mismo sonido que había escuchado la última vez, como el sonido que hace el agua al entrar en un lugar hueco.
Miro hacia la boca de tormenta y el agua comenzó a moverse más, y más rápido hacia dentro.
—Lo sabía— dijo en voz baja.
Cerró sus ojos, y al abrirlos, veía todo negro.
Al igual que en su sueño, tuvo la misma sensación como si estuviese cayendo por una cascada que no pudiese mojarla.
Escucho el sonido del agua golpeando a una roca.
—El fondo— dijo para sí.


Despertó, con un gran dolor en la cabeza.
No lograba ver nada, todo estaba oscuro, solo podía escuchar el sonido del agua cayendo detrás de ella.
—Hola— gritó.
— ¿Hay alguien?— le sonó extraño decir todo eso de esa forma, nunca se había decidido en hacer algo así en su vida.
Por un momento solo hubo silencio.
—Jane— dijo una voz, que retumbaba por todo el lugar, por lo cual no podía distinguir de dónde provenía.
—Sí, soy yo— dijo.
— ¿Qué haces aquí?— le preguntó la voz, como si Jane tuviese la respuesta.
—No lo sé—
— ¿Sabes qué es este lugar?—
—No—
— ¿Sabes que eres?— 
— ¿Una persona?— preguntó Jane, pensando que la voz le estaba haciendo una broma.
— ¿Sabes quién eres?—
—Sí, me llamo Jane— respondio.
—Sí, pero ¿sabes quién eres realmente? y ¿Que eres realmente?—
Jane se sentía como en una de sus clases de filosofía de la escuela, las cuales aunque prestara toda la atención no las comprendía.
A lo lejos un gran brillo salió desde dentro de la oscuridad.
El sonido de una puerta rompió el silencio.
Y en la oscuridad Jane distinguió el marco de una puerta.
Cerró un poco los ojos para adecuarse a la brillante luz esperando que alguien saliera de ahí dentro.
Pero nadie salió.
—Ve hacia la puerta— le dijo la voz.
Comenzó a tocar con una mano el suelo para poder pararse.
Coloco sus brazos frente a ella y comenzó a caminar hacia delante hasta llegar a la puerta.


Al pasar el marco de la puerta Jane entro en un cuarto de madera, una biblioteca tal vez. La luz provenía de una gran lámpara de cristal colgada en el techo. 
Jane alcanzo a ver las grandes y altas paredes, que en realidad eran bibliotecas repletas de libros de todos los tamaños y colores. Con dos escaleras en ambos extremos con ruedas para deslizarse de un lado hacia otro.
Jane continuó caminando y chocó contra una gran mesa central.
Estaba totalmente tallada, con suma precisión, Desde las cuatro paras de la mesa, hasta los bordes.
Jane coloco un dedo en la ranura de la mesa y dirigió su dedo como si fuese una vía.
—Hermosa ¿no lo crees?— Escucho oír la misma voz que le había hablado hace un momento, aunque la escuchaba con un tono más dulce, quizá era por el espacio en el que estaba.
—Sí, es muy bonita— respondio Jane de espaldas a ella.
Al darse vuelta Jane pudo verla.
Era una mujer mayor, tenía el cabello de color blanco, y sus ojos de un color azul oscuro que Jane jamás había visto. 
—Hola Jane— le dijo.
Jane no le respondio.
— ¿Sabes quién hizo esta mesa?— Dijo la señora, haciendo el mismo gesto de guiar su dedo sobre la ranura de él tallado de la mesa al igual que Jane lo estaba haciendo hace un momento
La mesa estaba tallada con unas formas similares a olas que interceptaban con un gran remolino en cada esquina.
Jane comenzó a mirar cada borde de la mesa, buscando el patrón de los remolinos.
En el borde derecho, en vez de haber otro remolino, haba algo más pequeño que Jane no llegaba a ver.
Se acercó más a la mesa y en la esquina estaba escrito B.O. 
Becca Ocean.
—Esta mesa la hizo mi madre— dijo.

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