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Pen Your Pride

Capitulo 9: Carmesí

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Estaba desesperada, aterrada, temblando sin cesar, siendo atosigada por una voz en mi interior que me exigía a gritos que lo hiciera, tan solo bastaría aproximar el vidrio a mi muñeca para acabar con el dolor, liberar toda la carga, olvidar el sufrimiento...  Lo necesitaba con locura, necesitaba lastimarme a mi misma para saciar las ganas de morir. El contacto frio  del vidrio al sostenerlo entre las yemas de los dedos me dio un escalofrió que no detuvo su recorrido hasta recorrer cada extremidad de mi ser, tras ese roce cerré los ojos por mero instinto, los apreté con fuerza para asegurarme que  las débiles lágrimas, que luchaban y batallaban por escurrirse, no tuvieran oportunidad de escapar y me preparé mentalmente para hacerlo. No estaba bien, lo tenía bastante claro, sin embargo, me sentía fatal, pésima, deseaba morir allí mismo, deseaba parar tanto dolor y si por favor esa era la única forma de liberar todo, entonces lo haría funcionar...

"—Aun me pregunto cómo pude tener a una hija como tú, inútil, estúpida, que ni si quiera merece la pena haber nacido."

"— ¿Tu? ¿Mi hermana? No bromees, alguien que es capaz de abandonar a su familia no merece tener ese título."

"— ¿Preguntas por qué llamo? Tú deberías saber más que nadie porque querría llamar a la causa de tanta miseria en mi vida..."

"— ¡Eres una estúpida! ¿Quién tendría una hija tan basura como tú, capaz de dejar a un hombre totalmente a la deriva sin importarle nada? ¡Eres igual que tu madre!"

"—Pero... ¿Sabes lo que gracioso de todo esto? Que él sólo se fijaría en ti porque siente lástima. Siempre fuiste débil e indefensa, necesitando a Adam para que te protegiera... logrando solo convertirte en una molestia para él."

 "Lamento informarles que la Sra. Rawson presenta un avanzado tumor en la zona abdominal que poco a poco va comiendo todo por dentro, no sabemos cuánto tiempo le queda vida, vamos a intentar lo mejor que podamos pero no aseguramos que..."

"—Sara, es sobre tu madre...ella acaba de..."

¡Basta!

Grité dentro de mi cabeza, intentando callar todas esas voces que daban vueltas en mi cabeza, que traían recuerdos dolorosos, palabras hirientes del pasado, que remarcaban momentos tristes de mi vida, que incitaban a que aumentara el odio a mí misma, a que odiara con la más profunda decepción la persona en que me había convertido. Entonces tomé la decisión final. Estaba lista para el primer corte.

— ¡Sara! ¡Maldita sea, abre! ¡Tiraré la puerta abajo! ¡Abre Sara!

Una voz desesperada gritaba desde afuera del departamento pero le hice caso omiso, escuchándola muy, muy lejana, no reaccionaba ante sus súplicas y ruegos porque simplemente me daba igual, me cortaría y punto. Entonces el vidrio comenzó a penetrar mi piel una primera vez, una segunda vez, una tercera y para el cuarto corte mi muñeca estaba cubierta de líquido carmesí, resbalando hasta caer unas gotas sobre el suelo, provocándome un inexplicable placer que calmaba el dolor, que callaba a las voces por unos segundos, pero eso no me bastaba...Necesitaba más, deseaba quitarme todo, despojarme de cada pequeño y diminuto detalle que me lastimaba y volví a acercar la cuchilla nuevamente a mi muñeca para el siguiente corte....

De repente, el ruido de la puerta abriéndose de un golpazo de par a par detuvo el  quinto corte y abrí los ojos ante el sorpresivo estruendo, paralizada, aun con la cuchilla en mano y me convertí en un objeto inanimado, inmóvil, escuchando como en cámara lenta, como si el tiempo estuviera ralentizado, unos pasos atravesar apresuradamente toda la sala, la habitación, hasta llegar al umbral de la puerta del baño. No quería que nadie me viera en ese estado, tenía miedo, tanto que temblaba con el simple hecho que alguien pudiera ver lo que estaba haciéndole a mi muñeca, como si me diera vergüenza propia el reconocer mi propio estado mental. Desde el umbral escuché como alguien ahogó un grito de espanto al observarme y ladeé mi cabeza hacia allí al reconocer ese tono de voz.

Equinoccio (2do libro Solsticio de verano)¡Lee esta historia GRATIS!