Capitulo 8: Pesadillas

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Volví a encontrarme sobre la misma cama al día siguiente. Mientras dormía y me adentraba a un mundo cubierto de oscuridad, pensé por un instante que desaparecería, que me desvanecería y nunca regresaría a la Tierra si no que me habría convertido en un espíritu vagabundo, merodeando por allí sin sentido alguno, sin embargo, apenas abrí los ojos  caí en la cuenta que continuaba con vida, estaba respirando, mi pecho bajaba y subía cada vez que inhalaba y exhalaba. "¿Por qué sigo viva?" Me cuestioné irremediablemente. No deseaba volver a despertar nunca más, quería que todo acabase....Pero no sucedía. Simplemente estaba tan cansada de continuar luchando. Aunque quisiese aún estaba respirando, aún sentía la sangre correr por mis venas, como el aire helado se colaba entre el diminuto espacio de los marcos de la ventana y me obligaban automáticamente a aferrarme a las sabanas en busca de calor, como una sensación de estar muerta en vida, de ni siquiera estar agradecida que entrara oxigeno a mis pulmones. Preferí quedarme echada sobre la cama hasta tarde, mirando el vacío, perdiéndome de nuevo en el pasado, en los recuerdos, en tantas cosas dolorosas que presionaban y estrujaban mi pecho, hacían que doliera y acabara llorando por horas. Aunque la parte fatal que me tocó experimentar fue cuando me dirigí al baño, creyendo que al mojarme la cara me despejaría, sin embargo, empeoró todavía más mi estado. Comencé a ahogar sollozos al encontrarme reflejada en el espejo como un monstruo, como un caparazón vacío incapaz de manifestar sentimientos, mostrándome una persona tan repugnante que me sorprendía que se tratara de mí. Mi expresión apagada me daba escalofríos y me era difícil borrarla una vez que la observaba con detalle. Agradecía tanto que fuera toda una semana de receso. Nadie podría verme en ese estado. Tendría tiempo de prepararme y adecuarme a la universidad.

Me devolví a la cama y tomé el móvil que estaba sobre la mesita de noche, recordando que llevaba días apagado días y quizás era tiempo de prenderlo. Tomé una gran bocanada de aire y presioné el último botón a la derecha del dispositivo para encenderlo. La pantalla se volvió resplandecientemente blanca, apareciendo el típico mensaje de bienvenida y se mostró el menú de inicio con el fondo de gatitos. En la parte superior de la pantalla comenzaron a cargarse los datos del chip, a conectarse a Internet y  de repente empezó a vibrar como loco, recibiendo uno tras otro todos los mensajes y llamadas pendientes. Cerré los ojos al ver el número de Natalie en varias notificaciones y abrí la carpeta de mensajes. La gran mayoría se trataban de ella, salvo uno. Uno proveniente de Adam, para saber cómo estaba, transmitiendo todo el cariño que me tenía y su preocupación sobre qué tal habían ido las cosas en Michigan y me pedía que le avisara cuando  apenas regresara de nuevo a Hartford. Parecía tan inocente e ignorante de mi situación. Pero no era su culpa, yo estuve mal en querer desaparecer de repente. Misteriosamente como si lo hubiera llamado con la mente, su nombre apareció en la pantalla indicando que me estaba llamando. Atendí, inhalando profundamente, preparándome así para lo que sucedería luego.

— ¡Sara! – Su voz alegre retumbó en mi oreja- ¿Cómo estás? ¿Cómo han ido las cosas por allá? –Parecía tan alegre al ver que contesté que se me hizo un nudo en el estómago.

—B-bien, aún estoy en Monroe–Mentí y me sentí la persona más horrible del universo pero era incapaz de ver su rostro todavía o inventar una excusa mejor –Q-Quizás vuelva un día antes de que termine el receso, quiero disfrutar el tiempo en familia.

Esperé temerosa su respuesta, tenía miedo que me descubriera, que supiera que lo había traicionado de la peor manera imaginable, sin embargo, reaccionó totalmente distinto.

—No te preocupes, te hará bien estar con la gente que te quiere, avísame cuando vuelvas a Hartford, te estoy extrañando demasiado ¿Sabes?

Por extraño que pareciera mi corazón no reaccionó ante ese comentario tan cariñoso, apenas si esbocé una media sonrisa y solté una risita avergonzada.

Equinoccio (2do libro Solsticio de verano)¡Lee esta historia GRATIS!