Bastó solo una pregunta que Nathan me hizo sobre la hora del almuerzo del día anterior para que Mia me abordara con muchas preguntas más. No tenía ni idea de que Nathan sabía que Rich, Alex y yo habíamos ido a comer; yo no había mencionada nada y era muy improbable que Nathan y Alex hubieran conversado. Llegué a la conclusión de que tal vez nos había visto salir y entrar juntos del hospital. En fin, él era un chico listo y sus suposiciones fueron acertadas. El castaño ya no dijo nada más, ya que las preguntas de Mia lo opacaron completamente. Se limitó a mirar la escena riéndose entre dientes.

Me quedé con la espalda pegada a mi casillero mirando a mi amiga hablar. Primero me recriminó no habérselo contado, después comenzó a hacer preguntas que no dejaba que contestara porque enseguida venía otra y otra más. Tuve que detenerla bruscamente para que se callara y me dejara hablar. Cuando ella se calló le conté lo sucedido, desde el momento en que Alex me pidió salir a comer, cuando le presenté a Rich y como nos habíamos entretenido en el parque. Al terminar mi relato Mia enarcó una ceja.

—¿Y cuándo vas a admitirlo? —preguntó con una mirada maliciosa y poniendo sus manos en las caderas.

—¿Admitir qué? —Hice una mueca de confusión.

—Que te atrae Alex y te agrada la idea de ser algo más que amigos. —Se cruzó de brazos.

Iba a protestar contra eso, pero cuando abrí la boca la cerré enseguida. Ya no tenía como defenderme y Mia no iba a estar contenta hasta que lo admitiera.

—No me lo niegues más Amy. —Me apuntó con el dedo—. Tus amigos cercanos son los que conocen tu vida familiar, o bueno, los que consideras que son tus amigos cercanos. Así que Alex no es un paciente más para ti.

Agaché la mirada, intimidada por las palabras de mi amiga. Respiré hondo y luego poco a poco una sonrisa se formó en mi rostro. Me reí entre dientes y negué con la cabeza. Estaba sorprendida de lo bien que me conocían mis amigos. ¿Eso era bueno o malo?

—Su risa la delata —dijo Nathan a quien pude ver por el rabillo del ojo que estaba colocándose sus zapatos, pero me miraba con una sonrisa.

—¿Contenta? —Levanté la mirada hacia Mia.

—¡Sí! ¡Lo has admitido! —Mia alzó los brazos en forma de victoria.

—Quiero que esto quede entre nosotros —me apresuré a decir—. Además, que solo es una atracción. Entre él y yo es casi imposible que suceda algo.

—Casi —murmuró Mia y alzó las cejas repetidamente.

Negué levemente, ya no quería seguir hablando de ese tema. Me di la vuelta y le di la espalda a Mia. Estábamos en uno de los pasillos de los vestidores y nuestros compañeros poco a poco estaban desalojando la habitación, quedaban unos cuantos, pero se encontraban lejos de donde estábamos nosotros. Esperaba que ninguno de ellos conociera el caso de Audrey, confiaba en que no sabían nada al respecto, así que no me preocupé por lo que hubieran escuchado.

De repente Katie, la chica pelirroja apareció en el pasillo. Buscó a alguien con la mirada y cuando se topó con mis ojos me sonrió.

—Hay alguien buscándote Amy —anunció la pelirroja.

Al principio hice una mueca de confusión, pero cuando ella se dio la vuelta la seguí para averiguar quién me estaba buscando.

Me paré en seco cuando vi a Alex en el umbral de la puerta, sosteniendo con una mano el mango de la puerta y observando con curiosidad lo que se encontraba en esa habitación. Una sonrisa involuntaria apareció en mi rostro y me acerqué a él. Le pasé una mano por enfrente de sus ojos y él se sobresaltó un poco, al instante retomó la compostura y me sonrió.

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