capítulo 1

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______ respiró hondo para cobrar fuerzas y echó a correr por la playa de arena. Mantenía la mirada fija frente a ella mientras corría por la orilla. El sol recién despierto miraba ya furtivamente a través del cielo. Aquél iba a ser un hermoso día de junio, un día caluroso pero bello.

A ______ le encantaba aquella hora de la mañana, cuando casi todos los vecinos del pueblo costero donde vivía dormían aún. Era su hora de sosiego. Pronto, en cuanto abriera su consulta de optometrista unas horas después, estaría muy ocupada. Pero en ese instante lo único que oía, aparte de las gaviotas que volaban allá arriba, era el vaivén constante de las olas sobre la arena.

Mientras corría, ______ pensaba en su padre. Le dolía que hubiera muerto el año anterior, apenas unos meses después de que se uniera a él en la consulta. Un ataque al corazón había acabado con su vida. ______, cuya madre había muerto cuando ella tenía cuatro años, siempre había estado muy unida a él.

A pesar de que sus pies, calzados con zapatillas de deporte, siguieron golpeando la arena al mismo ritmo, ______ sintió de pronto un hormigueo en el estómago y las puntas de sus pechos se erizaron bajo la camiseta corta. Aminoró el paso mientras escudriñaba la franja desierta de playa en busca de algo que pudiera confirmar su sospecha -o, mejor dicho, la afirmación categórica de su cuerpo-, pero no vio nada.

Pensó que debían de ser imaginaciones suyas, respiró hondo y apretó el paso. Un momento después se detuvo por completo. Respiró hondo de nuevo y miró a su alrededor. Esta vez sabía que su cuerpo no le estaba jugando una broma pesada. El hormigueo que había sentido poco antes en el vientre se había convertido en un pálpito profundo que se iba deslizando hacia abajo y se aposentaba justo bajo sus piernas. Sus pechos, entre tanto, se habían vuelto aún más sensibles.

Entornando los ojos distinguió a duras penas al corredor que había aparecido en el horizonte.

Aunque estaba aún algo lejos, comprendió por su silueta que se trataba de un hombre. Corría a buen paso y parecía confundirse con los elementos que lo rodeaban. _____ inhaló bruscamente al sentir que su cuerpo reaccionaba de nuevo. Sólo había un hombre que pudiera ponerla en aquel estado de excitación, incluso desde lejos y tras siete años de ausencia.

Era el hombre del que se había enamorado a los dieciséis, el hombre al que había entregado su virginidad a los diecisiete, el hombre al que anhelaba físicamente desde entonces. Y aunque no quería, podía sentir su contacto como si hubiera sido ayer cuando las caricias de sus fuertes manos arrojaron su cuerpo por una pendiente febril y le abrieron las puertas de la pasión en su forma más profunda. ______ tragó saliva, ahuyentó aquellos recuerdos y comprendió que el efecto que surtía sobre su cuerpo y la persona que corría hacia ella sólo podía significar una cosa.

Louis Tomlinson había vuelto a la ciudad.

La caricia de un amante¡Lee esta historia GRATIS!