Entré a la universidad como un día más de ella. Las cosas se veían tan normales como siempre.

Pero debo de admitir que ahora sentía un pensamiento de psicosis.

Que alguien estaba por ahí vigilándome.

Mientras metía los cuadernos y libros a la mochila, estando de pie frente al casillero sólo podía pensar: « ¿Quién fue el de la nota?»

Meneé mi cabeza para tratar de quitar ese pensamiento de mi cabeza.

No.

Nadie sabe que soy yo.

Nadie sabe nada, excepto el profesor Harries y Helmer.

A menos de que haya sido Rose y sus caprichos la hayan trastornado demasiado como para seguirme cual psicópata.

Pero todo eso es muy incierto.

Estaría acusando a alguien de cosas no estando completamente seguro.

A menos de que haya sido Jason, pero a él no lo creo un chico que persiga a los que no le caen bien. Y amenaza consecutivamente, presiento que él de más acción y menos mediar palabra. Aunque igualmente no es peligroso para mí.

— ¡Hola Nialler!—escuché la dulce voz de Ángela detrás de mí.

— ¡Hola Ángel!—la saludé mientras cerraba mi casillero.

— ¿Qué tal? ¿Todo bien?—preguntó ella mirándome con una sonrisa, pero su ceño estaba levemente fruncido. Coloqué la correa de mi mochila al hombro.

—Todo bien ¿Y tú?

—Bien, sólo te vi algo pensativo.

—Pues, sí estaba pensando—contesté para ser sincero con ella.

— ¿En qué? —ella me miró frunciendo ahora notoriamente su ceño.

—En nada importante—admití encogiéndome de hombros.

—Eso espero—dijo ella no convencida.

— ¿Por qué?

—Sospecho que es algo de lo que ayer escuchaste en tu casa—aseguró ella.

Miré a un lugar extraviadamente en el piso del pasillo.

No sabía si decirle o no ella sobre la nota que encontré.

Suspiré, y noté que Ángela ahora me miraba severamente.

— ¿Niall?

La miré con atención.

—Ven aquí—le tomé del brazo, tratando de que mi agarre no fuese a lastimarla y la llevé caminando por los pasillos buscando la salida principal de la universidad.

—Niall ¿Qué pasa? —ella interrogó bastante curiosa.

—Mejor te cuento en el escondite.

—Bien.

Caminamos hasta el escondite de Ángela, en dónde la encontré aquella vez llorando y en dónde le dije lo que sentía por ella.

— ¿Tú crees que haya sido Rose?—dije quitándome la correa de la mochila del hombro, para abrir la cremallera de esta y buscar la nota.

— ¿Mjm? —ella me miró con el ceño fruncido y luego miró la mochila mientras yo buscaba.

—Esto—dije para cuando encontré la nota. Estaba doblada en cuatro, pero aún así se la di a Ángela, ella lo desdobló y al leerlo, soltó una carcajada.

El Chico Detrás del Superhéroe | COMPLETA ✔︎¡Lee esta historia GRATIS!