—Oye, Danielle, ¿y si salimos a caminar o hacemos algo? —Propuso Nathalia, mi prima Neoyorquina, mientras estábamos desparramadas en el sofá de la sala viendo una especia de programa televisivo que trataba de diferentes animales en su hábitat natural—.  Me estoy asfixiando en el aburrimiento.

Nathalia era la hermana de Matt. Tenía el cabello rubio ceniza, al igual que yo, y compartía los ojos de su hermano, tenía la piel de un tono bronceado. Sus padres y ellos poseían ese modo de ser tan carismático y extrovertido que los caracterizaba. Cuando Matt se fue a la universidad, ellos se mudaron a Nueva York para cambiar un poco de aires.

Me estiré en mi lugar, haciendo varios huesos de mi espalda crujir ante el movimiento.

—No lo sé, Nath —contesté, echando un vistazo por el pasillo que conectaba con el comedor. Ahí se encontraba mi madre, con mis tíos y mis abuelos—. ¿Crees que nos dejarán salir a nosotras solas? —pregunté sin apartar la vista del lugar y frunciendo los labios.

Volqué la atención nuevamente hacia mi prima, que sonreía de manera maliciosa.

—Tal vez a nosotras dos solas no —respondió—. Pero si llevamos a mi hermano, o llamamos a ese tal amigo tuyo, Joey, nos dejarían ir sin objeción.

La miré inquisitiva.

—Matt está durmiendo y Joey tenía planes con unos amigos suyos hoy —Le recordé. Ella rodó los ojos y echó la cabeza hacia atrás, recostándose aún más en su lugar.

Gimoteó como un bebé.

—¿Y no tienes algún otro amigo que nos pueda acompañar? —Preguntó hostigándose con la idea de tener que quedarnos otro día en casa—. Hoy es la víspera de navidad, deberían dejarnos salir libremente de casa antes de la cena familiar.

Estaba a punto de decir que no teníamos a nadie a quien recurrir, cuando entró Alice, que era medio año menor que nosotras y vivía en Manhattan, donde yo había vivido antes, a la estancia. Ella, por el contrario de la mayoría de los primos, no había heredado el característico color de cabello rubio de los Parker y lo tenía castaño claro, piel olivácea y ojos color pantano. Era bastante alocada y, sin lugar a dudas, la que tenía el gusto más variado de la familia, en todos los sentidos posibles.

—¿Algún plan para hoy? —curioseó esperanzada.

—Estábamos intentando formar uno, pero no conseguimos alternativa. Matt duerme y el amigo de Danielle no podrá sernos de utilidad porque ya tiene cosas que hacer hoy —explicó Nathalia, poniendo a la recién llegada al corriente de la situación.

Solté un suspiro de rendición.

No era que yo estuviera muy contenta con la idea de quedarme haciendo nada en la casa, como los otros días anteriores, pero no creía que mi madre o mis tíos autorizaran una salida de tres chicas menores de edad, solas, y sin auto por ahí, y ni hablar de las objeciones que harían mis abuelos respecto al tema.

Eran las tres de la tarde y en ese momento maldije la costumbre de Matt de tener que dormir después de comer.

Alice se sentó en el sofá individual, sin darle mucha importancia al asunto y se encogió de hombros.

—Podríamos aprovechar el tiempo para hablar de cualquier estupidez, mientras Matt despierta —dijo ésta—. Ya que no nos vemos casi nunca, y es la primera vez que estamos en una sala sin las interrupciones de nuestros familiares, creo que es una buena idea para ponernos al corriente de lo que ha estado pasando en nuestras vidas. Además, ese programa es una completa mierda, ¿a quién demonios le importa cómo son los animales en su hábitat natural? ¡Estamos de vacaciones, chicas! No tengo ganas de ver biología.

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