Cinismo total

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Luego del funeral de Kate, su madre se me acercó y llevó al otro lado del cementerio.

- Necesito conversar contigo pero no puede ser aquí. Sígueme.

Lo hice, no tenía nada que perder.

Al cabo de unos quince minutos me soltó la mano y se giró para verme directamente.

- ¿Por qué vinimos aquí? ¿Qué pasa? –la verdad estaba asustada de la urgencia que ponía en llevarme a otro lado y con lo del secuestro tenía todos mis sentidos muy abiertos a cualquier estimulo que viniera de cerca.

- Necesito hablar contigo sobre tu madre – ¿y ahora que hizo?- El otro día fue a nuestra casa preguntando por la salud de nuestra pequeña, claramente le contestamos que se estaba recuperando pero ella no se lo tomó bien. Me extrañé de su actitud y le pregunté que le pasaba pero ella dijo que tenía mucho trabajo. No le creí, ambas sabemos que a tu madre nunca le gusto que Kate fuera tu amiga…

- Si…no le gustaba que la llevara a casa, decía que era una mala influencia. Pero ¿Qué paso después?

- Nada, solo se levantó y dijo que algún día pasaría a verla.

- ¿Lo hizo?

- Si, el mismo di en que murió…

¿Qué estaba pensando?

- Usted cree que ella le hizo algo, ¿cierto?

Asintió. La verdad le creía que desconfiara tanto de mi madre, ella no es la mejor persona y menos una buena madre y esposa, además con todo lo que había pasado este último tiempo la creía capaz de todo. Pero la pregunta que me hacía y rondaba todo el tiempo en mi cabeza era, ¿Cómo sabia ella que Kate no me había dicho nada? Tal vez pensó que al matarla el secreto se iría a la tumba pero Kate era más astuta.

- Por cierto, lamento lo que hizo tu madre.

¿Perdón? ¿También lo sabía?

- ¿Cómo lo sabe?

- Kate me dejó una carta bajo la almohada donde me contaba la verdad y otra para ti. Ten –saco de su cartera un sobre celeste con mi nombre escrito en el- Se que querrás leerlo a solas pero quiero que sepas que no fue tu culpa, fue tu madre. Jamás le perdonaremos pero si podemos seguir adelante. Kate lo hubiera querido así.

Las madres conocen mejor que nadie a sus hijos y la de Kate jamás fue la excepción. Sabía cuando le dolía la muela antes de que a ella misma le causara algún dolor. Increíble, lo sé y por esa misma razón es que la admiro por su disposición y absoluto amor. Puede que no sea su hija pero me daba el cariño de una.

- Tiene razón señora Blake, Kate querría que fuéramos felices por ella y eso hare, tengo algo que no puedo dejar para mañana así que la dejare. Muchas gracias por darme su apoyo y por jamás dejarme cuando me sentía sola. Usted es como mi madre y…

No alcance a decir más porque ella se abalanzo en mis hombros y comenzó a llorar repitiendo mil y una vez que para ella también era como su hija y que ahora de la muerte de Kate…la única.

Volví a casa después de unas cuantas horas, si era sincera no tenía ganas de estar en ese lúgubre lugar pero lo hacía porque Eric seguía ahí. Toque el timbre. No abrió nadie, volví a tocar el timbre y tampoco abrió. Saque las llaves de mi cartera y abrí con mucha dificultad puesto que habían un montón de cosas esparcidas por el piso. Caminé sobre las cosas que estaban en el piso mientras las corría con el pie derecho hacia el lado izquierdo.

- ¿Eric? –Nadie contestó- ¿Max? –No hubo respuesta- tal vez salieron pero… ¿Por qué hay tanto desorden? –me lleve la mano derecha a la sien. Como odiaba el desorden- bueno con esto queda claro que si no vas al cajón…el cajón va a ti –y si, parecía que fuera una broma pero lo decía para tranquilizarme y hacerme una idea del ¿por qué? Del desorden. ¡Madre mía!

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