¿Quién no desea que yo sea feliz?

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Eran las 3 de la mañana,  en sus brazos sentí alivio,  su olor era tremendamente hipnotizante, él se durmió en un instante vaya guardián de mis sueños y yo duré mucho más tiempo en dormirme... pude aprovechar para verlo dormir mientras su pecho en calma ronroneaba fuerte. ¿Está roncando? 

Tomo mi móvil y lo grabo, esto es una excelente cuartada para un buen chantaje...

Paso mi dedo lentamente por su frente,  le acaricio suavemente para no despertarlo, sólo un minucioso roce, sus patillas, su mejilla que raspa con una incipiente barba, sus labios entre abiertos invitan a la dislocación de cualquier alma viviente, su respirar es muy leve, sus pestañas largas, sus cejas, todo él es glorioso. Me siento borracha de deseo por él, su olor, olor a hombre, olor a deseo, sus brazos fuertes, me incitan a lindar cada espacio de su piel. Se remueve en su espacio y yo sólo cierro los ojos, me hago la dormida.  Lo he despertado.

Siento como se acomoda de medio lado para verme mejor, la tenue luz, de la calle no alumbra mucho, pero si lo suficiente para reconocer los rasgos del rostro. Pone una mano en mi hombro, se acerca y me deposita un suave beso en mi nariz, para no inquietar mi sueño, creo. Se pega más a mí, como deseando meterse en mi piel, suspira, yo lucho por parecer dormida, actúo una respiración leve, pero sus caricias están inquietándome. Su mano se mueve poco a poco hacia mi cadera, luego sube y vuelve a bajar esta vez hasta mi muslo y mi cuerpo traicionero emite un gemido de placer.

- Oh... Miranda, eres tan testaruda- susurra- Te amo, mi vida. - me roza los labios con sus labios húmedos, su mano aprieta mi trasero hacia él, siento su prominente virilidad tanteando espacio. Sube mi bata y está rozándome piel contra piel, es delicioso, yo estoy de medio lado, me gira para dejarme boca arriba y tener acceso a mi entrepiernas, creo descubrir hasta donde quieren viajar sus dedos  y qué es lo que desean hacer... vaya un gemido más escapa de mi garganta.

Él se posiciona encima de mí, aprieta su entrepierna contra la mía, siento una sensación de fuego justo ahí donde está martirizándome. Me besa en la frente, sus besos recorren mi mandíbula, mi cuello.. oh vaya mi punto débil. Sube nuevamente y me muerde el lóbulo de la oreja, esa acción termina de excitarme y relajo mi cuerpo para que él haga conmigo lo que desee. Mañana será otro día. No abro mis ojos, él se apodera de mi boca, me besa con bestialidad, yo sólo me dejo hacer, no le correspondo al beso, sólo me dejo hacer. Es extraño es como un cuerpo sin vida, pero con el mismo furor de deseo por él.

Sube más mi bata hasta dejar libre mis dos volcanes, a espera de sus caricias succionantes, me saca mi braga, todo esto lo hace suavemente, con el fin de no despertarme. Siento su virilidad  rozarme, coloca una rodilla entre mis piernas y abre un poco más mis extremidades inferiores, para tener acceso total... y esto es sólo el inicio de un derrame de pasión entre los dos cuerpos, que juntos terminan en un baile exótico exhausto. Me deja un beso cálido en los labios,  me sube la pequeña braga, me baja nuevamente la bata en su lugar, me pone la cobija encima y nuevamente me da un tierno beso en los labios y pierdo la noción del tiempo.

Despierto y estoy sola, ahora mi reloj humano en tamaño miniatura no suena, o mejor dicho no la dejan sonar. Recuerdo lo ocurrido en la madrugada y me sonrojo, no debo insinuar que sé lo que pasó, que crea que lo hizo él nada más, mientras yo dormía.

Me siento mucho mejor y escucho voces, creo que están animados, me pongo una cobija en mis hombros para ir a ver sonreír a mis dos tormentos de mi planeta planetario, bajo lentamente descalza las gradas, escucho reír a Marylú.

- ¿Hija tú sabes cuánto te amo?- le pregunta a la nena, me siento en la grada para escuchar la amena conversación.

- No papito...- y ríe

Marylú¡Lee esta historia GRATIS!