Suerte

43 1 2

-Hola -dijo ella con una sonrisa y el él levantó el rostro para encontrarse con una par de bonitos ojos negros, como los de él. Mientras se quitaba los audífonos miró curiosamente a la desconocida que se había acercado a saludarlo. Era alta, esbelta y de piel color canela, su cabello era negrísimo y estaba sujeto en una larga trenza de donde dos mechones se le escapaban de detrás de las orejas y acariciaban su largo cuello.

-¿Quieres más café? - la vos de ella sonó como el canto de un pájaro.

Él acerco la taza para que se la llenara de nuevo. Entonces si fijo en el gafete de lata que ella llevaba sobre el delantal. Este tenía escrito "Karime".

-Gracias -contesto el muchacho.

Karime esbozo una sonrisa, dio media vuelta y se dirigía de regreso al mostrador cuando, antes de dar dos paso, volvió a la mesa del muchacho y pregunto:

-¿te conozco de algún lado? -mientras entrecerraba los ojos e inclinaba un poco la cabeza con el objetivo de examinar mejor a ese chico delgado y pálido; cuyos ojos tan oscuros como carbones la miraban perplejos.

Tenía aspecto distraído gracias a su pelo negro alborotado. Pero el resto de él era sencillamente impecable: desde su forma de vestir hasta la elegante postura en la que estaba sentado.

¿Serán viejas costumbres de su vida pasada? -se preguntó Karime.

Un segundo después se dio cuenta que su escrutinio había dejado pasmado al cliente y se apresuró, un poco avergonzada, a cortar la tensión que ella misma había creado. -disculpe - las mejillas se le pintaron de rojo tenuemente.

-No te preocupes -le sonrió - a todos nos ha pasado alguna vez.

-sí, es cierto -se rió ella.

Luego ambos se quedaron en completo silencio. Ya era tarde, en el café el muchacho era el único cliente que quedaba y los otros empleados hacían los últimos quehaceres antes de cerrar.

Karime había esperado varias horas para poder acercarse a hablar con él. En realidad había esperado meses para hacerlo, desde que leyó la última línea de aquel viejo diario, y de eso hacían 10 meses y 14 días. Ella había los había contado, para ver qué tan exactas eran las predicciones de su tía Margot; quien pocas veces se equivocaba con el futuro ajeno.

Unos días antes de encontrar el diario la tía Margot le dijo a Karime que estuviera bien atenta a todo lo que estuviera a su alrededor; por que pronto encontraría algo importante. Luego, cierto domingo en el que ella regresaba del mercado con los encargos de sus tías, se encontró por casualidad con un vendedor de libros usados que había tendido su venta sobre la acera frente a la iglesia. Como Karime no se pudo resistir a echar una ojeada a cada libro, buscando entre sus páginas una dedicatoria, una carta o alguna flor marchita; termino por encontrar el diario viejo. Tan viejo que tenía más de un siglo. Las últimas páginas estaban fechadas en diciembre de 1873. Era un milagro que no se hubiera desecho en todo este tiempo.

Movida por la curiosidad Karime lo compro y se fue corriendo a casa. Entro hecha un rayo a la cocina, dejo los comprados en la mesa y se encerró en su cuarto para leer tranquila. Leyó todo lo que quedaba del día. Con cada página la muchacha se sentía más cerca de su autor. Reía con cada palabra de alegría y entristecía con cada desventura. Sentía cada vez más, que la persona que había escrito aquellas hojas era un viejo amigo.

A la hora de la cena, como de costumbre se sentaron las tías Margot y Lucilia, la Madre de karime y ella a la mesa. Todas conversaban animadas. Menos Karime. La chica se dedicó a revolver el contenido de su plato con una mano y detenerse la cabeza con la otra, totalmente perdida en su mente.

Como tal comportamiento era extrañísimo en la curiosa creatura, las mujeres se preocuparon al verla.

-¿Qué te pasa niña? -le preguntó su madre, una elegante dama tan blaca como la nieve con el cabello tan azul como las plumas del pavo real.

Karime no contesto. Estaba absorta en sus pensamientos.

-Ya lo encontró -afirmo la tía Margot, otra dama elegante, morena, con cabello rizado y esponjoso semejante al de un león y los ojos amarillos de un felino.

-¿Qué encontró?- pregunto la tía Lucilia, una mujer delgada, casi traslucida cubierta con dibujos de hena y el cabello plateado.

-Encontró lo que tenía que encontrar.

Las mujeres dejaron que Karime estuviera perdida en su mundo hasta que termino la cena. Después la llamaron al taller - una salita llena de especias donde las tías hacían, perfumes, esencias y de vez en cuando hechizos. Le preguntaron cuál era el objeto de sus pensamientos y entonces Karime les contó del diario y de su dueño. Les contó que sentía algo extraño por su autor, como si fuera alguien que ella ya conocía.

-Seguramente es alguien que conociste en una vida pasada. -le respondió la tía Margot. Acto seguido fue por la baraja y uso sus dotes de bruja para leerle la suerte a la niña. No consiguió sacarle mucho a las cartas, más que una fecha.

-Tal vez ese día lo encuentres - le dijo -las almas se buscan en otras vidas si en las pasadas eran importantes las unas a las otras.

-El destino se encarga de que siempre nos volvamos a encontrar -agrego la tía Lucilia.

-¿y cómo sabré cuando nos encontremos?

-No lo sabrás -respondió la tía Margot. -tendrás que confiar en la suerte. Por ahora solo espera.

Y de esa manera Karime esperó, pensando en el dueño del diario. Sabía que en aquella vida había sido un músico, así que lo más probable era que le gustara la música. Lo conocía perfectamente por el diario pero ahora sería una persona diferente. "¿Cómo sabré quién es?" se repartía todo el tiempo.

Entonces ese día en el café, con el muchacho enfrente y sin saber que decir, seguía preguntándose si sería o no él. Le gustaba la música, si, llevaba audífonos, pero todo el mundo lleva audífonos hoy en día.

Él había pasado tres horas sentado solo, leyendo y escuchando música. Durante las tres horas Karime lo había mirado, con la pregunta "¿será él?" rondándole la mente. Había más clientes en la tienda ese día. ¿Por qué le había llamado la atención ese muchacho en particular?

El aire se hacía más pesado entre ella y el muchacho "¡¿Qué estaba pensando al acercarse a él?!" se reprochaba, y al fin lo único que se le ocurrió decir fue:

-ya casi cerramos.

El muchacho recorrió el cuarto con la vista y un algo sorprendido, por que el tiempo se le había pasado volando, se levantó de su asiento, se estiro y se tomó de un trago el café que karime le acababa de servir. Le dio las gracias a la muchacha, pagó la cuenta y le dio una propina antes de ponerse su chaqueta y salir de la tienda.

Karime se quedó pasmada con la jarra de café en la mano, mirando como el chico salía de la tienda y caminaba por la acera de enfrente.

-Quizá no era él -pensó. Ella se fue a la cocina arrastrando los pies, vació la jarra de café, se quitó el delantal y se despidió desanimada de los otros camareros.

Pero cuando salió de la cocina, vio que frente a la puerta de vidrio de la cafetería; que ya se encontraba cerrada con llave, estaba el muchacho. Él le hizo señas hacia la mesa donde había estado sentado hace cinco minutos. Ella vio que allí había dejado un paraguas y una bolsa de plástico con tres discos de vinilo. Karime fue por ellos para regresárselos a su dueño.

"Tendrás que confiar en la suerte."

Salió del local y le entregó los discos y el paraguas al muchacho.

-Muchas gracias -él le dijo sonriendo de oreja a oreja. - qué suerte que me día cuenta antes de que fuera tarde.

Si -sonrió ella - ha sido suerte. Mi nombre es Karime - y le tendió la mano.

-yo soy Caleb.

Cuentos de las almas¡Lee esta historia GRATIS!