CAPÍTULO 24: MÉXICO

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Tras cumplidos los diez minutos de llanto, Luna se levantó y dejó que el viento de la tarde refrescara sus mejillas. Justo en ese instante pudo percibir la ola poderosísima de energía que provenía de la Pirámide de Kefrén y que ya había seducido a los demás miembros de la Brigada Púrpura, para brindarles su compañía y aceptar la situación actual.

En ese momento, Trinity y Troy terminaron de subir hasta la altura del bosque. La energía piramidal los motivó a intercambiar abrazos de felicidad y orgullo por la misión recién cumplida. Una alegría que se sobreponía en enorme medida a la melancólica idea de que Nathan y Rasec habían fallecido en medio de la explosión.

—Estoy segura—dijo Monique—, que estarían dichosos de vernos celebrar de esta forma el éxito de nuestra misión.

—Por supuesto que sí—agregó Marshall—. Ya sabemos cómo era el carisma de ambos.

—No es momento de llorar—comentó Troy—, esta hazaña ha salvado la vida de millones de personas. Hemos logrado evitar que la humanidad esté en riesgo de extinción.

—Estoy totalmente de acuerdo contigo—dijo Luna—. Se han sacrificado dos personas a cambio del resto del mundo.

—Podemos quedarnos el resto de tarde aquí si lo queremos—indicó Trinity—. Mientras tanto, comunicaré a la Maestra Ana Aguirre sobre la derrota del General O'Donnell.

La experta en sistemas, extrajo la laptop de su mochila y se sentó contra un árbol. En ese momento, aquel lugar era sin duda alguna uno de los territorios más seguros de todo el planeta. La explosión y devastación generada por las bombas de uranio X-56N, no solo devastaron a la Inteligencia Artificial del general, sino que anularon la utilidad de las defensas que circundaban a aquel lugar.

Un momento después, todos estaban mirando la pantalla a través de la cual Trinity anunciaba el éxito de la misión. Ana Aguirre compartió en vivo un video en el que se veía a los cincuenta analistas de sistemas y al ingeniero alto de gafas celebrar la derrota del General O'Donnell. La Brigada Púrpura empezó a reírse sin control al ver aquellas escenas.

—Los muy ingenuos—dijo Marshall—creen que fueron los héroes de esta ardua tarea.

—Sí, sí—agregó Trinity tratando de contener la risa—, ojala hubiese sido así de fácil y cómodo devastar a esta base.

—Creo que la gran misión... de la Maestra Ana Aguirre—agregó Troy sin dejar de reírse—, fue hacerles creer que podían salvar al mundo solo desde una computadora.

Tras haberle comunicado la noticia a la directora de la empresa White Shadows, ella se hizo cargo de retransmitir a su equipo de cooperadores, el video satelital de la explosión. De ese modo, el simulacro orquestado por Ana Aguirre, que estuvo matizado de tensiones y ansiedad en la sala de sistemas, concluyó quince minutos después del auténtico caos generado por la Brigada Púrpura.

Ahora que estaban liberados de la responsabilidad de derrotar a aquel enemigo, tenían derecho a un descanso. Monique extrajo de su mochila un paquete de barras energéticas de cereales y chocolate, para entregar dos unidades para cada uno. Marshall mientras tanto repartió botellas de agua. Al cabo de unos minutos, todos se alimentaban en silencio, en medio de la tranquilidad del bosque.

De pronto, en el aire se escuchó un murmullo de voces. Voces que parecían llegar desde un lugar remoto gracias a las corrientes del viento: "supongo que les resultará muy duro aceptarlo", "no estaban preparados para nuestra ausencia", "nunca será fácil aceptar la idea de despedirse de alguien y sin previo aviso", "lo entiendo, aunque ahora sé que la muerte no es para siempre".

—Esas son las voces de Nathan y Rasec—dijo Marshall.

—Así es—confirmó Monique—. ¿Serán acaso sus voces fantasmales?

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