Extrañamente, todo a mi alrededor quedó insonorizado, como si las ráfagas de un catastrófico torbellino hubiesen desarraigado las palabras en mi garganta. Lo único que lograba percibir era la infrahumana incertidumbre, producido por aquel monstruo amorfo de fisonomía bestial que se vistió de negro para luego camuflarse entre las brumas de un eclipse incorpóreo.
Por una fracción de segundos quedé completamente atónita bajo la potestad de un miedo inexplicable que restringió el acceso a mi voz.

—“Jeff, tu admirador enamorado”— releí las últimas líneas de aquella carta, mientras que un suspiro ferviente brotó desde lo más profundo de mi ser.

Por algunos segundos, mis pensamientos comenzó a desatar una vorágine de imágenes repugnantes que continuó azotando mi integridad, pues aquel miserable chico me había arrancado la inocencia y las ganas de seguir viviendo, por ende, lo odiaba enormemente.

Me encontraba en un estado de cólera inquebrantable por causa de aquellos abominables recuerdos que trastornaban mi mente. Fue entonces, cuando de una brusca sacudida tomé el maldito papel y lo hice añicos junto a la rosa blanca teñida en sangre, puesto que no deseaba saber nada en absoluto de ese maldito psicópata. ¡Es más, ni siquiera estaba dispuesta a aceptar sus disculpas!.

—¡No tienes la más remota idea del profundo daño que me has causado!. Has hecho trizas las pocas esperanzas que aún perduraba en , ¿Y con todo eso tienes el descaro de pedir perdón?. ¡Te odio Jeff!. ¡Juro por mi alma que tomaré venganza!— exclamé con suma rudeza a la par que arrojé los pétalos y los trozos de papel por la ventana.

Rápidamente rocé el puño de mi blazer por encima de mis mejillas enrojecidas por las lágrimas.

¡No deseo saber, ni mucho menos oír de ti nunca más!— asomé la cabeza a través de la ventana— ¡Por mí te puedes ir al infierno!.

11:00 PM

La noche había cubierto de oscuridad a toda la ciudad, al mismo tiempo que el intermitente fulgor lunar logró iluminar a una diminuta esquina de mi alcoba donde me encontraba acurrucada entre las sábanas perfumadas de mi cama, sin ganas de comer ni conversar con nadie.
Estaba realmente triste por lo que me había ocurrido con Jeff debido a que mi mente y mi corazón discutían constantemente por el amor que sentía hacia él, pero era un sentimiento insano que debía ser eliminado, aunque me costase la propia vida.


—¿Qué me ocurre?, ¡No puedo estar enamorada del hombre que me ha violado!, debo quitarlo de mi mente a como de lugar!— rompí en llanto.

—¡Jeff es un idiota, es mi enemigo y debo castigarlo por su cobardía!. Lo haré sufrir como yo he sufrido, lo haré llorar como yo he llorado. ¡No tendré piedad para asesinarlo!— pensé en mis adentros, mientras una escalofriante corriente de aire penetró a través de los huecos de las paredes.

No tenía las fuerzas suficientes para continuar viviendo, pues todo mi mundo se había desmoronado luego de aquella traumática experiencia.

—Desearía no haber nacido, soy una bastarda a quién nadie puede comprender. Soy una maldita basura inútil y sin valor— proclamé, al tiempo que me incorporé a la vera de mi cama.

Sin pensarlo dos veces, me dirigí con pasos presurosos hacia el espejo de marco plateado que colgaba de la pared.

—Mi vida ya no tiene sentido!— exclamé bastante deprimida a la vez que rompí el cristal de un duro golpe.

Los nudillos de mis dedos comenzaron a sangrar, puesto que los pequeños fragmentos del vidrio se habían incrustaron en mi piel.

—¡Te odio Jeff, me has desgraciado la existencia!— cogí un gran trozo del espejo dispuesta a cortar mis venas de ambos brazos.

De pronto, alcancé a percibir una extraña sensación como de estar siendo observada por alguien; hasta que de un fortísimo estruendo se abrieron las ventanas de mi habitación, facilitando el ingreso a un montón de polillas negras.

—¿Qué es todo esto?— pregunté sumamente aterrada.

Del perpetuo silencio que prosiguió al aleteo de aquellas horrendas polillas, emergió una dulcísima voz masculina que colmó de tranquilidad mi alma.

—¡No lo hagas!, porque si tú mueres yo me iría contigo.— advirtió.

Me armé de valor y esquivé la mirada con dirección a mi espalda tratando de buscar al hombre, pero lo que observé a a continuación me dejó realmente espantada.
¡Era el mismo monstruo que días atrás me había secuestrado!. Estaba allí parado delante mío, cubierto por el manto gris la penumbra!.

—Soy Jeff, el hombre a quién le has robado el corazón. Vengo aquí para impedir que cometas una locura, no te mates por favor. Estoy perdidamente enamorado de ti.— dijo dulcemente.

Jeff, mi peor pesadilla©¡Lee esta historia GRATIS!