Capítulo 6: La conmemoración (parte VII)

66 21 16

Firme se extendía el brazo cargando un cacharro de barro. Por los bordes se dejaban caer algunas gotas del líquido que Rigal había llamado sopa. —O como le decíamos antes "Sherkei" —. El color y la textura resultaban agradables a los ojos de Milton, no así su sabor. El primer trago, lo transportó directamente al olor a pata de que había en las habitaciones de los más chicos. Allí, en Oportunidad. Dejando fluir ese recuerdo, esas risas y esos abrazos, fue terminando su sopa. Intentaba que ya no le doliera; pero no podía evitar guardar recuerdos de aquella época. «Era todo tan distinto... Nunca hubiera creído esto».
De repente el joven también se sumaba a las caras inexpresivas, como sus compañeros.
Rigal era el único que intentaba mantenerse alejado de sus recuerdos. Todos ellos solían ser tajantes y duros. Pocas veces se animaba a dejarlos salir.

Cuando todos ya habían terminado de comer y apoyaban sus manos sobre la panza el Mythier habló:

—Iremos —incluyendo a Milton—. A algún lugar donde podamos entrenar.

—Vayan —respondía Bori. Al resto no parecía importarle mucho—. Despiértennos cuando lleguen —entre bostezos acomodándose entre las hojas verdes.

No hubo más respuestas por lo que comenzaron a alejarse. Después de unos cuantos pasos, se lograban escuchar los quejidos de Oriana y algunas risas.
El joven seguía cansado; aunque extrañamente dejaba de sentir el dolor sobre sus pantorrillas. Con el tiempo entendería, que el "Sherkei", era una comida curativa. En grandes heridas no haría más que adormecer músculos; pero en dolores producto del cansancio era altamente efectivo.

En el camino Rigal le había hablado sobre las creencias en Etel y Enal. Los seguidores de Pseu, adoran la vida y todas sus representaciones. Por eso la veneran en los bosques, sin importar los peligros que allí puedan presentarse. No le temen a morir; siempre que esta muerte no sea dada por lo que ellos llaman "Helpfhi".

—¿Qué es un Hel... —el joven intentaba imitar la palabra pero no lo conseguía.

—Demonio.

Helpfhi significa demonio, mal, atrocidad y muchas otras cosas más. Quienes eran llamados así eran los Mythiers. Los que, según los seguidores de Pseu, habían traído la guerra, la desdicha y la peste al mundo.
Los fieles, solían llevar colgantes de bronce, plata u oro; con la forma de un medio árbol derecho. La historia cuenta, que al dividirse los creyentes, partieron en dos las estatuillas que representaban el ímpetu de los árboles Pseu y Mytri. Quedando así, el medio árbol derecho en representación de los fieles de Pseu y el medio árbol izquierdo para los fieles de Mytri. Éstos últimos, creen que la superioridad enérgica y vitalicia que les concedió el árbol a los Mythiers, los hacen legítimos para gobernar y dominar; aun así, cuando quien gobierne sea un Tirano.
De esta manera, se llevaba una rivalidad ideológica que traía discusiones y peleas desde las tabernas hasta en el seno de las casas.

—Así —continuaba Rigal mientras comenzaba a sentarse sobre unas cuantas hojas secas—. La población se mantiene dormida, en discusiones que no llevan a nada y Taniel, se consagra como la única palabra. El rey supremo.

Pese que le cueste admitirlo, el circulo cerraba perfecto. Milton comenzaba a sentir admiración por el ingenio de Taniel. La rivalidad entre las religiones, venía de hacía mucho tiempo ya; pero el rey había logrado llevarlas al extremo y sacar el máximo provecho de eso. Había profundizado tanto en sus diferencias, que hasta existían grupos combativos. Los más conservadores, se cazaban entre sí. Mayoritariamente el ejercito de Taniel estaba compuesto por fervientes defensores de Mytri, lo que hacía que obedecieran las ordenes de éste sin ningún tipo de arrepentimiento o remordimiento.

—Es...

—Mi hermano siempre fue brillante —decía Rigal con un tono de admiración—. El problema fue... Que usó su poder para hacer el mal —veía como el joven asentía pensativo —. Bueno... fue mucha historia por hoy. Comencemos —Ambos estaban sentados, enfrentados. Las ramas de los aboles proporcionaban la sombra justa para evitar la molesta presencia del sol. El viento estaba presente pero no interrumpía el momento—. Llego la hora que entiendas lo que te sucede y comiences a entrenar —Milton escuchaba en silencio y con toda su atención. Había llegado el momento en el que creía, vería alguna expresión de la magia. Esto, lo ponía ansioso y algo temeroso —Lo primero que tenés que entender, es que todo es conexión —el joven imitaba la postura de Rigal, que estaba sentado en una posición cómoda sobre sus piernas. El ancho de su espalda coincidía con la separación entre sus rodillas y las manos caían sobre las mismas, como si estuvieran acariciándolas—. Todos estamos conectados, porque todos venimos del mismo lugar. Esa conexión, es la que nos permite, entendernos y entender a los demás —hacía una pausa para corregirse—. A lo demás. Para conocer todo, entender el todo —Milton quería disimular, pero en su rostro se notaba que no entendía bien a que se refería Rigal.

Fhender ©¡Lee esta historia GRATIS!