Parte sin título 25

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Capítulo 25

— ¿Estás bien? —le preguntó él.

—Sí, me duele un poco el codo pero se me pasará. ¿Y tú?

—Todo bien.

Ambos se reincorporaron. Se sacudían la arena. Ella dejó de hacerlo cuando algo llamo su atención. Él, de espaldas, sonreía cuando ella le señaló hacia detrás de él. Finalmente ella le preguntó:

— ¿Eso es un?

— Ornitóptero —contestó él interrumpiéndola.

—Yo iba a decir un pajarraco de madera y metal (rio).

Comenzó a explicarle:

—Te aseguro que antes de que los hermanos Wright desarrollaran el primer aparato volador exitoso, que desencadenó esa industria hasta el día de hoy en el otro lado del mundo, acá los habían desarrollado siglos antes, aunque claro está, con la ayuda de un dion: Leonardo Da Vinci. Uno de los más grandes y sabios diones de todos los tiempos. Muy amado y recordado. Desde luego, antes de que preguntes, en la biografía del lado tuyo no mencionan que estuvo en coma par de años. Una de nuestras recientes épocas de oro. Aunque nuestros historiadores se debaten si realmente era Da Vinci, o algún alumno fiel y aplicado que adoptó su nombre, el de su maestro. Ese debate sigue abierto aunque es uno de poca importancia.

— ¡Wao! Que''cool''.

—Hubo un renacer completo en cuanto a tecnología: aparatos voladores, submarinos, tanques, etcétera. El mismo dion se manifestó en talleres o fábricas y se construyeron otras similares. Cuando el dion desapareció, otros diones malévolos que le precedieron fueron contenidos gracias a la tecnología que él nos legó, claro está, otros diones aliados también ayudaron.

— ¡Increíble! —exclamó ella.

—Este ornitóptero es un modelo de los más sencillos: biplaza, un solo motor y de uso civil. Es el último ornitóptero operativo.

— ¡ Wao ! Es raro. ¡En serio ¨ loco head¨ que esta cosa puede volar! Ni siquiera le veo alguna hélice o turbina, aunque sí le veo por el trasero un tubo similar a los tubos de escape de los autos.

— ¡Se eleva batiendo las alas!

— ¿Como un pájaro? No juegues.

—Ya lo verás luego cuando abordemos.

—Yo no me meto ahí. De ninguna manera en ese pajarito.

—Debemos ir a Pulsia, lo que allá llaman América del Sur, en específico a lo que llaman el Amazonas. Primero cenaremos, descansaremos varias horas.

— ¿Y quién va a pilotear? ¿Es autónomo o automático? Como se diga —interrumpió ella, luciendo bastante preocupada.

—Yo. Quien más. Mi padre era contrabandista. ¿No te lo comenté antes? El malévolo prohíbe que haya abundancia de alimentos, mucho menos diversidad. Los terrenos agrícolas están limitados. Mi padre viajaba y a veces me llevaba en otro ornitóptero que tenía escondido en las afueras de la ciudad. Era más grande. Era de carga. En un momento dado, dejó de funcionar, no pudo conseguir las piezas de repuesta. Un barco fue lo último que tuvo hasta que lo confiscaron y decomisaron.

—Tengo hambre —le interrumpió—. Perdón que cambie el tema.

—Te entiendo. Vamos afuera. Crea una fogata para cocinar.

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!