Parte sin título 20

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Capítulo 20

Más o menos treinta minutos después, Yamirelis era un enorme ave volando y Lois sobre ella. El cansancio se apoderaba de ella a pesar de que él la incitaba a que resistiera. Ya estaba a baja altura, a pocos pies del suelo, cuando ella se transformó de nuevo en la chica que solía ser.

El pastizal hizo que el golpe no fuese tan fuerte. Amortiguó la caída bastante. Rodaron, cuando se detuvieron, él se incorporó y la ayudó a incorporarse.

—Gracias por haberme salvado.

De lo exhausta que estaba, no le pudo contestar.

—Siéntate, descansa, tenemos que subir esa colina. Luego (la señala), al otro lado está el océano.

— ¿Dónde estamos?

—Estamos a las afueras de la ciudad, área prohibida por estar cerca del mar.En el lado de tu mundo esto es Miami.

—O sea que estamos en la zona costera de Miami. Una vez visité Miami y no había colinas frente a las playas.

—En este lado del mismo mundo, no es lo único diferente, por si todavía no te has dado cuenta (ambos sonrieron).

Una vez recuperada ella, comenzaron a caminar, luego, subiendo la colina; una vez en el tope, Yamirelis quedó boquiabierta. Dejó de mirar el horizonte para virarse a mirar a Lois y preguntarle:

— ¿Es esto lo que creo que es? De inmediato empezó a correr colina abajo ignorando a Lois, a quien tan siquiera espero que le contestara. Él también corrió colina abajo sonriendo. El océano se veía blanco como la leche. Las espumas de las olas cuando rompían, se veían de color azul. Su cara de decepción se dibujó en su rostro cuando con sus manos cogió un poco de agua, que resultó ser cristalina y salada.

— Ja, ja, ja. Creías que era leche.

—No te burles, bobo.

—Sal del agua, ven, te lo explicaré.

Ella se acercó a él y lo escuchó:

—Mira el cielo es blanco y las nubes azules, a la inversa del lado de tu Mundo. El océano, los mares, los lagos se ven blancos.

—Bobo, debiste habérmelo dicho, no haberme dejado zambullirme al agua. Que tonta soy. Hasta quise saboreármela (rió).

— ¡Ah!

—Ni modo. ¿Qué hacemos aquí?

Él contestó señalando en una dirección. Tras ella contestarle con un levantamiento de hombros, le explicó que a unas cuantas millas de distancia había un islote al que irían, el cual apenas era visible desde donde estaban.

— ¡En serio loco ¨head¨! Apenas puedo caminar, no tengo fuerzas para manifestarme.

—En el plan original, no contábamos contigo, o sea, tu llegada. ¿Ves aquella pila de rocas? (la señala) Debajo hay un bote con espacio hasta para tres personas. Varios remos también. No te preocupes, yo remaré. Te necesito descansada por si acaso.

— ¿Qué? ¿Cómo? ¿Por si acaso?

Él le contestó con una sonrisa dibujada en su rostro.

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!