Parte sin título 15

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Capítulo 15

En la mañana, sentados en la mesa a la hora del desayuno, Lois y el maestro Figoren llevaban rato ahí esperando a las féminas. El maestro, con la calma que lo distinguía, no así Lois, evidenciado por sus gestos. Al fin llegaron a la sala. Boquiabierto quedó Lois al ver a la joven. La señora Figoren la ayudó arreglarse. El día anterior le hubo comprado un vestido azul claro con algunos destellos rosado Fucsia. En una de las calles comerciales de ese sector Laguna Grande, le compró además unas sandalias blancas.

Le aplicó sobre su rostro maquillaje, aunque leve. Le recreó su peinado original, con el que apareció en ese lado del mismo Mundo: con flequillo no muy recto al frente, sobre sus cejas, cuatro coletas arriba de la cabeza sujetadas con ligas adornadas con telas y plumas blancas, azul claro y rosa Fucsia. Atrás el pelo suelto que le llegaba un poco más abajo de sus hombros.

Desayunaron amenamente; tras eso, la señora se despidió de ellos y le brindo a cada uno de ellos mochilas con víveres y botellas de agua.

—Que la Gran Estrella se manifieste en vosotros.

—Por siempre así sea —le contestó el señor a su señora.

Una vez afuera; unos once guardaespaldas armados con armas blancas y de fuego que no se podían notar con facilidad, los esperaban en tres vehículos del tipo modelo T, dos de ellos impulsados por caballos y el otro por motor de combustión. Antes de abordar su respectivos vehículos, Yamirelis se distrajo observando la grama color roja al frente de la casa de los Figoren. Lois le interrumpió el momento:

—Nostalgia. Conozco ese sentimiento.

— ¿Qué? —preguntó ella.

—Nada, vámonos. Sube.

En el trayecto todos callados. El maestro Figoren, Lois y Yamirelis en la parte trasera del vehículo. Un chofer y un guardaespaldas en primera fila. En un momento dado empezó ella a masticarse las uñas, mas Lois la contuvo y le dijo:

—Relájate, no te pasara nada.

Llegaron al sector Madre Tierra en menos de cuarenta minutos. Lucía como un día normal tanto en las aéreas comerciales como en las residenciales. Se metieron luego a una calle que daba acceso a un taller o fábrica de muebles. En el área de estacionamiento del complejo los estaban esperando como treinta miembros de la coalición, en su mayoría hombres aunque también algunas féminas.

— ¿Los mismos tipos? —preguntó preocupada.

-— Sí. Piersolain, el odioso Sabridas entre otros — respondió Lois.

—Son más que nosotros.

—Tu sola podrías con todos ellos. Pero no estamos aquí para pelear. Planeamos estrategias, como combatir el mal, aquel tirano que nos gobierna —le dijo el maestro.

Se bajaron de los vehículos. El maestro le hizo señas a la joven para que ésta se acercara a Piersolain y le respondiera el saludo (tenía su mano extendida). Accedió ella con algo de frialdad.

Yamirelis los observaba. Piersolain estaba vestido como de los años treinta del lado de su Mundo. Lucía como un gánster de Chicago de aquellos tiempos de la prohibición del alcohol. Incluso, una ametralladora similar a las Thompson, en su mano izquierda sostenía. Los estilos de ropa de los demás, incluyendo a los guardaespaldas religios, variaban respecto a las épocas del otro lado del Mundo. Por ejemplo: Unos cuantos vestidos como se ven los actores en las películas ambientadas en Londres del siglo 19 ,otros como burócratas de los años cincuenta y sesenta en Estados Unidos ( tipo John Edgar Hoover ). Otros lucían como en el presente (Más o menos) del otro lado...

Piersolain tuvo que repetirle a Sabridas varias veces que la saludara también. Éste accedió refunfuñando, aparte de que él y Lois no paraban de mirarse mal.

—Anda, trata de apuñalarla ahora, vamos, descubrirás con dolor lo que ella ya puede hacer.

—Basta Lois —le dijo con un tono firme y en voz alta el maestro. 

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!