Parte sin título 13

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Capítulo 13

En la casa de los Figoren. Sentados en la mesa cenando estaban los dueños de la casa junto a Lois y Yamirelis. Un estofado de pollo con fuerte olor a especias era el plato principal acompañados de unos panecillos redondos y de copas con agua excepto el del señor que era de vino color verde.

Lois contaba sobre lo sucedido en el primer día de escuela de la chica. La sonrisa en el rostro del maestro Figoren se dibujó cuando le contó que ya se hubo manifestado o descubierto las habilidades de Yamirelis.

—Brindemos pues; por la nueva era que ha comenzado.

Alzaron sus copas, todos relajados excepto Yamirelis. El maestro le dijo a la chica que durante dos días no iría a la escuela, que se reunirían otra vez con los ateos pasado mañana en el sector Madre Tierra. Lois se levantó de la mesa; se oponía a exponerla de nuevo ante los ateos El maestro lo miró fijamente, él se sentó de nuevo y se disculpó.

—Entiendo tu preocupación, tengamos fe. Ahora niña, aquí te ayudaré a controlar tus habilidades. Ya Lois me contó que te manifestaste ante una inminente agresión hacia a ti, pero con los ateos, anteriormente, no lo hiciste. Debe haber algo más. Tú dirás.

Un silencio se apoderó de la sala, al rato ella respondió:

—Ella me cayó mal, tenía coraje.

—Ajá, por miedo y coraje, Ok, intenta transformarte en cualquier cosa, lo que quieras.

Ella cerró los ojos, espero un rato; pero nada. Abrió los ojos, esperó otro rato. El maestro la interrumpió y le dijo:

—Supongo que Lois te simpatiza, supongo además que Marriaca Trentot, fue novia de él. Eso te incomodaba.

—Profesor —interrumpió Lois, Pero el profesor le dijo a una ruborizada Yamirelis:

—Inténtalo.

Mirando fijamente al profesor que no paraba de repetir: —inténtalo —ocurrió de repente. Lois y la señora boquiabiertos. No así un sonriente maestro Figoren. Raíces negras por doquier en la sala sobre y entre el suelo. Con una de las ramas sujetó una copa, la alzó y dijo;

—Brindemos.

—Es un arbolito —dijo tartamudeando Lois —.Y tiene boca y ojos, pero.

—No sé. Siento como cosquillas.

—Es la esencia de la Gran Estrella. Los ateos, te dirían adrenalina elevada.

—Ahora me siento un poco mareada.

—No debes, mejor dicho, no puedes estar mucho tiempo manifestada, mucho menos si no tienes mucha experiencia. Tendrías problemas para recuperarte. Relájate y volverás a ser tú.

Así ocurrió. Ella se quejó de que sentía los latidos de su corazón acelerados, a lo cual el maestro le respondió que era normal. La señora Figoren se levantó de su silla, caminó hasta donde estaba sentada la joven y empezó acariciarle el cabello al tiempo que le dijo:

—Aún de arbolito, eras bella; y preciosa. ¿No lo crees así Lois?

Él sonrió y bajó la cabeza. Yamirelis se disculpó por estropear el piso de la sala. Pero la señora solo sonrió. El maestro le explicó que al día siguiente se quedaría dentro de la casa, específicamente abajo, en la recámara o sótano que el maestro llamaba: El santuario de la Gran Estrella.

Yamirelis: en el otro lado del mismo mundoRead this story for FREE!