Capítulo 34

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LO SIENTO ESTOY EN MIS FINALES, SE LOS DEJO DE RAPIDITO, LAS AMO, GRACIAS POR LEER...

Blake no pudo hablar con Luisa el resto de ese día, puesto que primero fue Simoneta, luego salieron algunos inconvenientes con cosas de la casa, llegaron algunas visitas y finalmente, regresó su marido, lo cual trajo a Blake de un lado a otro, sin tomar en cuenta las atenciones que sus hijos le pedían.

—¿Cómo fue tu día? —sonrió la joven cuando su marido comenzaba a desvestirse en su habitación.

—Bien, supongo —suspiró—, estoy agotado.

—¿Tan mal?

—Bueno, hubo algunos problemas, nada que no pueda resolver.

—Entiendo.

La joven no perdió de vista la carta que continuaba sellada por Víctor, lo cual quería decir que no la había leído, no había tenido tiempo y eso la dejaba tranquila, por lo menos esa noche. Su marido no parecía darle mayor importancia a la constante atención que su esposa le puso al pedazo de papel y se metió en la cama desnudo, agotado y sin ganas de nada más que dormir.

—Quizá quieras que te masajeé los hombros, es bueno para quitar tensiones.

Calder alzó la mirada.

—Eso es nuevo, ¿Tú brindándome ayuda sin que la pida? ¿Qué sucede?

—Bueno, te noto cansado, quizá desborde mis dotes de doctora.

—Claro —dijo sarcástico—, mejor dime lo que quieres.

—No quiero nada.

—Entonces no mujer, no necesito nada además de mi esposa dormida a mi lado, es lo único que necesito.

Blake sonrió.

—Eres fácil de complacer.

—Soy hombre de necesidades básicas cariño, en serio soy simple.

—Yo también.

—Seguro que sí.

Blake lo golpeó.

—No me hables como si fuera alguien complicado o caprichosa. No lo soy.

—Ven ya —le estiró el brazo para que se acostara sobre él—, en serio que todo lo que necesito ahora es tenerte cerca.

EL corazón de Blake sintió una extraña sensación ante esas palabras. Parecía ser sincero, pero dudaba que Calder pudiera demostrar un cariño como aquel, seguramente había hecho algo que la lastimaría después y era la forma en la que buscaba redimirse. En realidad, no importaba eso ahora, era mejor ir a descansar y si su esposo estaba tan condescendiente, mejor aprovecharlo.

Blake notó como su marido se quedó dormido casi en seguida, Calder normalmente caía después de ella, pero en esa ocasión, de verdad parecía cansado y con eso a favor, Blake pensó que podría hacer una artimaña para deshacerse de la carta o al menos leer su contenido antes que él. Intentó levantarse del pecho de su esposo, pero este la tenía presa en un agarre sumamente poderoso que la dejaba sin movimientos. Los verdosos ojos de Blake se fijaron en la carta que descansaba en la mesa de noche de su marido, imperiosa sin que ella pudiera tocarla. Le daban ganas de llorar, si tan solo pudiera...

—¿Qué crees que haces cariño?

Blake dio un salto en la cama y alejó la mano de la nota de su marido.

—Nada. Intentaba encender la lámpara.

—¿En serio? —Calder se sentó en la cama— ¿Por qué razón?

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