Todo va a salir bien

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—Bueno, pues quedamos nosotros tres —sentenció Mick mirando a Simon y Joe—

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—Bueno, pues quedamos nosotros tres —sentenció Mick mirando a Simon y Joe—. ¿Qué os apetece hacer chicos?

Simon se puso en pie y se plantó frente a él.

—No te pases, Mick. En esta habitación hay cuatro Black Stars.

Tenía las manos en los bolsillos del pantalón, en una pose despreocupada que contradecía el tono en el que había hablado. Mick sonrió de lado, aceptando el reto que había en su voz.

—Vamos, Simon, no se lo tengas en cuenta—dijo Joe a su espalda, con aquel tono irónico tan característico en él —. La pena por la marcha de Jeannette le ha afectado tanto que hasta es incapaz de contar.

Mick me miró enarcando las cejas. Me puse de pie, al lado de Simon.

—¿Es que quieres continuar en el grupo, Carol? —preguntó incrédulo.

—No, si vas a seguir tratándome así.

Mick relajó el gesto y cruzó los brazos sobre el pecho.

—Daba por hecho que te marcharías con Jean. Te ha hecho una muy buena oferta.

—Sí, es verdad. Pero Jeannette tiene sus planes y yo tengo los míos.

—Y los tuyos son quedarte con nosotros en calidad de...

Me había pillado. Lo único que sabía era que quería seguir en el grupo pero no me había dado tiempo de pensar en qué podría aportar ahora que no estaba la cantante. No sabía tocar ningún instrumento, o no al menos de manera destacable y no poseía los conocimientos ni el talento para el canto de Jeannette.

—Carol podría ser la nueva cantante —resolvió Joe.

Mick rio como si le acabaran de contar un chiste que de tan malo incluso tenía gracia.

—Sé todas las canciones —argumenté.

—Una cosa es que te sepas las canciones y otra que puedas cantarlas —replicó Mick, mordaz.

Al igual que él yo también era consciente de que nunca podría cantarlas como Jeannette, y de que él, y todos, siempre me compararían con ella, pero estaba resuelta a no abandonar. Y si en el futuro no podía seguir con ello, me marcharía sin remordimientos.

—No puedo cantarlas como Jeannette, eso está claro. Pero puedo ayudaros hasta que encontréis a alguien que sí pueda hacerlo. Eso si antes no me canso de aguantarte.

Simon rio y miró a Joe levantando las cejas. Joe le guiñó un ojo y le devolvió la sonrisa. De vez en cuando Mick necesitaba probar un poco de su propia y amarga medicina, para controlarle los humos. Y si Jeannette no estaba allí para administrársela, tendríamos que hacerlo los demás.

—Mira, esa idea me gusta —dijo Mick, fingiendo estar animado—. ¡Así no perderemos ensayos!

—Y lo más importante, llegaremos a los conciertos de la temporada sin estrenarnos demasiado —concluyó Joe.

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